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miércoles, 5 de octubre de 2016

UN PARO QUE SE DILATA: ¿LA INCOMPRENSIBLE POSTURA DE LA CGT?



A estas alturas del gobierno de Mauricio Macri la actitud moderada y conciliadora de la cúpula de la CGT, dilatando el paro general resulta, a primera vista, incomprensible tras 10 meses de saqueo y trasferencia de recursos desde los asalariados a los sectores concentrados vía devaluación, despidos, endeudamiento y fuga de capitales.

Quizás en los primeros meses de gestión del PRO podía resultar razonable, lógica una postura prudente, “responsable” ante el temor de quedar en orsay, “descolocados” frente a una opinión publica expectante por el nuevo gobierno.
 Hoy, con la degradación de la situación económica-social y una imagen presidencial en franco declive, a la postura moderada de la CGT es complicado encontrarle justificación.

Mientras la banca transnacional, la oligarquía rural y las mineras fueron rápidamente hiper-beneficiadas con la devaluación y eliminación de retenciones (atendidas velozmente sus demandas), el costo de semejante ajuste cayó sobre los asalariados formales e informales, jubilados y beneficiarios de planes sociales quedando sus ingresos al menos 10 puntos por debajo de la inflación anual.

En ese escenario de transferencia de recursos a los sectores dominantes la espera, la paciente vigilia de la CGT de un bono a fin de año y una rebaja en el impuesto a las ganancias en el aguinaldo resulta hasta irónicamente risueña para el universo de los laburantes.

Unas de las razones, que se esgrimen para intentar comprender esta actitud moderada por parte de la cúpula sindical, se hallarían en la devolución del manejo de las obras sociales a los gremios.
Quizás pueda ser una de las razones de esta actitud “prudente” de la cúpula cegetista.

“La moderación paga, la polarización no” se debe especular en el razonamiento sindical conciliador.
Sin embargo, esto resulta insuficiente o explica parcialmente el problema.

Sería bueno indagar sobre el diagnostico de fondo entre los gestores del PRO y sectores sindicales sobre la situación general del país.

Si hurgamos en ese diagnóstico nos vamos a encontrar que ambos sectores incluso antes de la llegada de Macri al gobierno, en el instancias preelectorales, coincidían que el ajuste y el  “sinceramiento” de la economía era el horizonte que debía recorrer la nueva gestión que reemplazara al kirchnerismo.

Si esa era y es la percepción de la cúpula sindical sobre la “herencia”, no resulta descabellada entender esta actitud apaciguadora de la CGT en tanto se percibe que los trabajadores deben colaborar en el esfuerzo social hasta que el crecimiento económico se recomponga.

Es cierto, como lo señalan economistas afines al proceso anterior, que tras doce años globales de crecimiento, aumento del consumo popular, Argentina se encontró con el clásico problema de restricción externa o cuello de botella-por la relativa falta de divisas en el Banco Central- para continuar con un auge económico sostenido.

 Eso no justifica que el esfuerzo recaiga exclusivamente sobre asalariados y jubilados esperando que se relance una inversión privada por conglomerados locales y extranjeros beneficiados por una devaluación feroz.

Distinto hubiera sido la aplicación de un programa de racionalización pactado como se experimentado en otras latitudes, dado los límites y las dificultades en un capitalismo periférico para afectar y controlar rentas sin poner en jaque la gobernabilidad social y política (ej la resolución 125, año 2008), en donde los actores más integrados como los trabajadores registrados y de  mejores ingresos o pequeña y mediana burguesía pospongan consumo en tren de colaborar en un fondo de inversión que relance la economía para intentar integrar a asalariados precarizados o informales o mejorar ingresos sociales de los mismos.

Esto hubiera implicado la configuración de un nuevo régimen cambiario que mejorara las arcas del Estado mediante la vigencia de las retenciones e incluso su reactualización en relación del ajuste del tipo de cambio. Las retenciones, a su vez, ayudarían a desconectar los precios externos de los internos limitado el efecto inflacionario sobre sectores vulnerables de la sociedad.

Sin embargo, el gobierno con -hasta ahora la anuencia y coincidencia de la CGT- eligió una transferencia integral del excedente mediante la absorción y el bombeo de recursos del mercado interno a los grandes exportadores y el capital financiero, esperando que sean estos quienes devuelvan las gentilezas mediante la denominada lluvia de inversiones.

El problema es que hasta ahora las inversiones no se producen y el combo de devaluación liberalización cambiaria y endeudamiento solo ha servido para que la oligarquía local e internacional dolaricen sus activos y fuguen sus ganancias extraordinarias.
A este modelo elitista e inviable en términos sociales y económicos es que se viene adecuando la CGT.




viernes, 8 de julio de 2016

DISTANCIAMIENTO DEL MOVIMIENTO EVITA. DIFERENCIAS SOBRE EL FUTURO DEL CAMPO "NACIONAL Y POPULAR"




La constelación Frente por la victoria-peronismo, tras la derrota presidencial, está sufriendo algunos desgranamientos por derecha y por izquierda.
  
Por derecha, senadores y diputados que responden a  gobernadores conservadores, intendentes del conurbano que necesitan una relación fluida con el poder central del PRO para lograr el financiamiento que haga sostenibles y gobernables sus distritos. El denominado peronismo “territorial”. Por izquierda  el reciente alejamiento del Movimiento Evita.

Este se constituyó en un movimiento social de base, antagónico al neoliberalismo durante los ‘90,  luego fue incorporado  a estructuras del Estado en provincia de Bs As en torno a la Secretaria de Agricultura Familiar durante el kirchnerismo en gestión,  y hoy se ven obligados negociar con la actual gobernadora Maria Eugenia Vidal para mantener a flote su armado social y político.

Quizás, ambos sectores, pejotismo y evitismo, solicitaban desde hace  tiempo, la "conduccion" de Cristina para tener un trato "racional" con el oficialismo que incluya  oposición y negociacion.

Sin embargo ese no ha sido el rol que la misma Cristina y el kirchnerismo puro que le  responden en el parlamento y sus organizaciones juveniles han querido asumir.

El kirchnerismo puro prefiere no arriesgarse a negociar las banderas y logros de estos 12 años en aras de un “peronismo unido”, cuyas facciones tienden hacer  “juegos propios” tras una derrota nacional y a tomar distancia de una Cristina demonizada por los medios de comunicación hegemónicos.

La intuición política del pejotismo y también el Movimiento Evita es que la postura “terca” de Cristina y “sectaria” de los kirchneristas puros que la siguen terminen llevando a la experiencia “nacional y popular” a un escenario testimonial y periférico en las próximas elecciones.

Están observando y previendo la posibilidad  de que el regreso del campo “nacional y popular” al gobierno sea más complejo que lo previsto por el kirchnerismo puro.

Temen que, con el regreso al endeudamiento y  alguna dosis de pragmatismo social (ampliación de la asignación por hijo, conservación y actualización de ingresos sociales), esta nueva derecha que, por primera vez en la historia argentina gana una elección sin proscripciones ni fraudes, conforme un nuevo bloque social difícil de derrotar en el corto plazo.

En este sentido la estrategia entonces pasaría por ir hacia un horizonte de reunificación de  las facciones peronistas partidarias y sindicalistas alrededor de un PJ normalizado que por diversos motivos se fueron alejando del kirchnerismo.

Asi desde otra correlación de fuerza (que incluye la autocrítica por la derrota presidencial),  se piensa, se podría enfrentar con algún éxito a la nueva derecha gobernante en futuros comicios.

En ese escenario, el kirchnerismo sería incorporado y convocado pero no como fuerza dominante sino como un actor más en la nueva coalición.

Desde el kirchnerismo puro no pueden ver sino traiciones desde esta postura porque debilitan el liderazgo de Cristina y ponen palos en la rueda a un regreso pronto del Proyecto.

Además, se citan casos de gestión provincial, como el de Alicia Kirchner en Santa Cruz o de administración de intendencias como  el de Jorge Capitanich   en Resistencia, Chaco    (este último proveniente de las filas pejotistas-duhaldistas en el pasado reciente) de oposición frontal al gobierno nacional macrista y de defensa cerrada al liderazgo de Cristina, aunque también necesiten de financiamiento para gobernar sus distritos.  



El kirchnerismo  confía en las multitudinarias “plazas del pueblo”, que convocan algunos de sus principales referentes, como demostración de fuerza de cara a la sociedad.
Se confía que, más temprano que tarde, ante las políticas de ajuste, devaluación, tarifazo del macrismo y el liderazgo convocante de Cristina la ciudadanía va tomar conciencia de las diferencias de ambos “modelos” y se va volcar nuevamente al Proyecto.

De preverse ese escenario optimista el PJ, diputados y senadores conservadores de provincias, intendentes del conurbano y el mismo Evita se les haría inevitable volver al redil dirigido por y desde  el Frente por la Victoria.

Una muestra cabal de esta postura intransigente se pudo observar de entrada, tras la derrota electoral, en declaraciones del mismísimo Maximo Kirhncher en plena negociación con los Buitres del gobierno central, cuando arengó algo asi como “el establichment quiere un peronismo domesticado, disciplinado, aggiornado a sus intereses, es lo que no queremos nosotros”.

Para dirigentes del “movimiento evita”  y también para el pejotismo, en la práctica política cotidiana y concreta, asumir una posición confrontativa estricta y cerrada al PRO vencedor constituye hoy una posición equivocada y sectaria de cara a la sociedad  y que termina siendo  funcional al status-quo y a la perdurabilidad en el tiempo de  esta nueva derecha en el gobierno nacional.

Desde el Evita se piensa que seguir con esta posición intransigente del kirchnerismo puro  se corre el peligro de transformar al peronismo en una fuerza irrelevante de cara a las elecciones que se avecinan.

Se trata en términos que lo solía plantear el expresidente radical Raul Alfonsin apelando al  clásico sociólogo alemán Max Weber del enfrentamiento entre dos éticas: “la ética de la responsabilidad” en la actitud de pejotismo y el Evita (mas allá de sus diferencias ideológicas-conservadora popular los primeros, izquierdistas-nacionalistas los segundos) que lidian en la gestión diaria con un gobierno central de otro signo político  y “la ética de las convicciones” del kirchnerismo puro que se niega a  bajar banderas e ideales que implique  debilitar derechos ciudadanos conquistados durante 12 años en aras de compartir una estrategia de poder con el resto del justicialismo que no les garantiza tampoco un regreso seguro y pronto al gobierno nacional.

El tiempo proveerá.

Mientras tanto, son  días, por estas diferencias de perspectivas sobre el futuro del campo “nacional y popular”  en el universo peronista, y la demonización y el desgaste que sufre el kirchnerismo por el caso López por parte de los medios hegemónicos, donde  quienes  sonríen son Mauricio y su principal asesor electoral Duran Barba de cara a los comicios legislativos del año que viene. 

viernes, 6 de noviembre de 2015

KIRCHNERISMO, ¿UN POPULISMO DE CLASE MEDIA?

Alvaro Garcia Linera, actual vicepresidente de Bolivia, recomienda como uno de los pasos para profundizar los procesos progresistas de América Latina consolidar las políticas redistributivas para los sectores bajos de la sociedad. Lo que considera el nucleo duro, el sector fiel, no volátil  de  los gobiernos progresistas.
En Argentina con el kirchnerismo, se puede decir que, a diferencia del primer peronismo, los más beneficiados han sido los sectores medios.

Con esto no se quiere enunciar que los sectores populares no se hayan beneficiado de las políticas  económicas del modelo. No hace falta  sino remitirse a los millones de puestos laborales, a las jubilaciones y asignaciones sociales universales para dar cuenta de tal evidencia.

Sin embargo, comparado con el primer peronismo, la profundidad redistributiva es menor para los sectores populares. Es sabido que aún sufren, a pesar de los avances y logros sociales mencionados, alto déficit habitacional y son víctimas de altos índices de empleo en negro o informal y pobreza. 

Esto, en gran medida, se explica porque  las capacidades estatales del Estado-Nación en este siglo XXI  de globalización financiera son bastante más limitadas que la del Estado de la segunda posguerra mundial del siglo XX. O como dice, en términos más compresibles, pero no por eso menos profundo, Hebe de Bonafini: “Evita y Perón manejaban un Crucero, Cristina una lanchita”.

Lo cierto es que han sido los sectores medios los más beneficiados con el modelo K. 

Esto se ve claramente reflejado en la explosión de consumo de automóviles y electrónica, los viajes masivos de argentinos “bien” y “no tan bien” (¡ja! ) al exterior, el drenaje permanente de dólares que absorben estos sectores, además del Procrear, tarifas subsidiadas y otros planes.



Es sabido la propensión de segmentos (no menores) de clases medias a pensar en clave hegemonizada liberal. 
Es decir pensar que su éxito económico es producto casi-exclusivo de su esfuerzo personal omitiendo  las actuaciones del gobierno o del estado, salvo cuando “les va mal”.

De allí que todo gobierno es percibido, a lo sumo, como un mal necesario para cuidar la “seguridad”. Pero si el gobierno no la garantiza y encima es percibido como una élite corrupta y privilegiada, es susceptible de ser cambiado al no hallar una correlación alguna entre su bienestar personal y la actuación del Estado.

La clase media ser perciben menos dependiente del Estado y su éxito lo esperan  lograr en el mercado, en el sector privado. 

Segmentos de clase media perciben al Estado como una carga que les absorbe dinero por los impuestos que sienten que después no los beneficiará.

Se sienten en condiciones de  poder  pagar una  educación de “calidad” para sus hijos en colegios y universidades privadas. Resuelven sus problemas de salud en clínicas privadas, no tendrían problemas de aportar en cuentas individuales para su jubilación en empresas privadas. 

El Estado los azota con una presión impositiva que va a beneficiar a los “vagos” o indeseables  mediante “planes sociales”.

Los sectores populares que han llegado tarde al reparto capitalista tienen, y sienten, mayor dependencia del Estado. Lo consideran, quizás,  el último piso para no pasar hambre.

Durante gobiernos neoliberales como los de Menem o De la Rua o conservadores como el de Eduardo Duhalde existieron políticas sociales destinados a sectores populares, pero eran de carácter focalizados o dirigidos exclusivamente a los sectores excluidos o vulnerados por la economía.

Con el kirchnerismo la política social se universaliza y tiende a convertirse en un derecho más allá de un “mero plan”. Esto es un avance sin dudas. 

Pero si se busca diferenciarse en la percepción de esos sectores con los otros gobiernos, y consolidar el núcleo duro, como dice Alvaro García Linera, quizás esto después de un tiempo resulte insuficiente.

A modo de ejemplo vale una anécdota personal:

Trabajando en talleres de educación popular con sectores vulnerables que recibían  la asignación universal, una de las beneficiarias me comenta que “su familia siempre fue ayudada por un plan social”, ya sea de carácter provincial o nacional, por lo que no notaba la diferencia de la actual gestión, por el kirchnerismo, con los anteriores.

Un gobierno progresista y popular tiene que ser percibido como diferente por parte de los sectores postergados y eso implica profundizar (acá y en la China) la redistribución del ingreso afectando a poderes económicos y limitando, incluso,  fuertemente el consumo ex-pureo de sectores medios.

No  es una empresa fácil, obvio, implica cambios económicos, afectando a capas altas de la sociedad y también culturales, cambiar patrones de consumo de dependencia y despilafarro en sectores medios.

Es fácil decirlo y pronunciarlo como hace cierta izquierda estricta, pero  no le podemos cargar la responsabilidad exclusiva a un gobierno.

El gobierno tiene que hacer lo suyo, (con una integración latinoamericana, o supra-regional previa dadas las limitaciones del Estado-Nación individual hoy) pero la ciudadanía tiene que tomar conciencia de esta problemática.
Porque un gobierno puede tener los mejores planes en este sentido pero cometer el "pecado" de actuar "en frío", desde arriba, sin la correspondencia de la sociedad y quedar deslegitimado o en orsai.

Algo de eso pasó cuando se quiso capturar la renta de la oligarquía agraria durante 2008.


viernes, 30 de octubre de 2015

PRESIDENCIALES 2015 EN ARGENTINA. EL GRAN GANADOR, DURAN BARBA

La situación política es preocupante, la ultraderecha tiene grandes posibilidades de acceder al gobierno en Argentina. 
¿Las explicaciones de este tsunami derechista extremo?
Se han ensayado respuestas varias: que las estrategias electorales del oficialismo han sido erradas, como la ausencia de un candidato del “palo” y la elección  a dedo  de Scioli – un candidato con lenguaje y cultura política más parecido al PRO de Mauricio Macri -, que nunca terminó de entusiasmar a la militancia kirchnerista y que incluso se lo maltrató hasta hace unas semanas previas  a la oficialización de su candidatura, hasta la elección como candidato a gobernador de la provincia de Bs As de un candidato como Anibal Fernandez, desgastado y demonizado por los medios masivos de comunicación,  pasando por la elección de un  "vice",  Sabatella, considerado un enemigo histórico de intendentes pejotistas del conurbano que no sumó, sino todo lo contrario, entre otras.

Estos argumentos que cargan en las culpas propias en la elites oficialistas pueden tener un viso de veracidad, no menor, es cierto, pero tampoco debemos menospreciar las “virtudes”  de la estrategia macrista. El equipo rival también juega. Y vaya si jugó.

Este espacio entiende que en la política moderna, atravesada fuertemente por los valores y las percepciones de los medios masivos de comunicación, existe un amplio espectro de opinión pública “independiente”  en el “medio”, entre   las clases medias- altas  y altas  propensos a votar espacios políticos de derecha, y  clases medias progres y sectores populares quienes  a priori  tienen fidelidad con el universo  kirchnerista-peronista.

A este electorado “independiente”  se dirigió la “batalla cultural” macrista .

Las máximas figuras políticas del PRO  Mauricio Macri, Gabriela Michetti y Maria Eugenia Vidal  apelan  a un discurso sentimentalista  pastoral posmoderno, mezclado con elementos  tecnocráticos orientados a enfocar  problemas puntuales que agobian a la población como la “inflación” o la “inseguridad”  que el kirchnerimo  no ha podido solucionar, al tiempo que toma como propios los logros sociales del gobierno y la cultura social peronista  prometiendo otorgarle eficiencia a la gestión.
En este sentido el gran elector de la reciente presidencial ha sido, sin duda, el asesor ecuatoriano de Cambiemos, Duran Barba. Se lo tiene bien ganado al contrato.

Sin embargo lo más llamativo, lo que debe ser un llamado de atención  es que sectores populares que a priori serian una fija del Frente por la Victoria se hayan volcado al Macrismo.

Quizás, segmentos no menores de las clases populares se hayan tentado por un cambio, porque si bien en términos económicos  mejoraron su situación, vía  crecimiento del empleo y la universalidad de las políticas sociales, aún padecen alto grado de trabajo informal y fuerte déficit habitacional. Son dos aspectos estructurales que la actual gestión no ha podido solucionar.
Pero dar soluciones genuinas a estos  déficit, (como ya se ha enunciado en otros escritos) no se hacen con moneditas.
Son necesarios frondosos recursos para profundizar la industrialización y la sustitución de importaciones que generen trabajo genuino. Son  indispensables  cuantiosos  recursos que se orienten a aliviar a las pymes que se les complica blanquear su personal. Son  necesarios frondosos recursos que se destinen a un plan maestro y masivo  de viviendas. Y para esto se necesita afectar grandes intereses económicos con capacidad de chantaje, destituyentes de la gobernabilidad.

Al respecto no debemos ser injustos con el gobierno. Una muestra de intentos de captar rentas extraordinarias del agro- negocio sojero la dio durante el conflicto con la oligarquía  agraria en el 2008, en el cual salió derrotado. Ese fue el límite que estaban dispuestos los sectores dominantes a otorgarle al gobierno nacional en materia redistributiva y la sociedad lo aceptó.

Si bien es cierto que en estos años hubo logros importantes en materia política social, económica y cultural con una orientación claramente transformadora y progresista, visto estos problemas estructurales más la alta inflación  y el desgaste de un gobierno que lleva 12 años en la gestión, les resulta insuficiente a vastos sectores de la sociedad que tal vez en otras elecciones se vieron interpelados por  Frente por la Victoria pero hoy han probado con otras alternativas electorales.

Igualmente nada está perdido.

Dada la volatilidad de vastos espacios del electorado, el pánico que genera Macri en segmentos significativos de la sociedad, el debate de los dos contrincantes que han superado el balotaje puede ayudar a transparentar las opciones diferenciadas que se juega hoy la sociedad. O se intenta profundizar el camino del trabajo y la producción y la integración latinoamericana o se regresa a un modelo de acumulación financiera de ajuste y a los “mimos” del Tio Sam .

Para después de las elecciones, quedará la discusión sobre cuestiones estructurales como la dependencia tecnológica del capitalismo periférico, la restricción externa, el extractivismo, que no se han ausentado de este blog. Pero hoy la prioridad es otra.

Scioli tiene la oportunidad de ratificar lo bueno que se ha hecho,  alertar sobre el suicidio colectivo (sin temor a exagerar, se dijo bien suicidio colectivo) que puede implicar un neoliberalismo puro como el que propone el PRO al tiempo se que produce una re-efervescencia en la militancia por dentro y fuera del gobierno que redobla el esfuerzo en la concientización de la sociedad. 

Latino américa nos mira.


martes, 28 de julio de 2015

LA RACIONALIDAD POLITICA DEL GIRO DISCURSIVO DE MAURICIO MACRI


El giro discursivo de Mauricio Macri (kirchnerisandosé), después de ganar de manera ajustada la elección en ciudad de Buenos Aires a contraposición del resultado esperado, (que su candidato  Horacio Larreta se impusiera por una diferencia al menos arriba de 8 puntos por sobre Martin Lousteau, que le diera una plataforma local sólida para expandir sus figura  de cara a las elección presidenciales) ha generado las obvias reacciones críticas, por decirlo de algún modo, del kirchnerismo y también de aliados y otros opositores.

La defensa de las principales políticas del gobierno nacional, como  la asignación universal, la nacionalización de YPF, o la estatización de Aerolíneas, después de haber votado en contra  en el Congreso cada una de estas políticas, símbolos del proceso kirchnerista, en una lectura rápida de lo sucedido, se parece a un papelón como mínima, o  a una irracionalidad política de parte del espacio macrista.

Pero quizás sea necesario indagar otros itinerarios argumentativos para tratar de  entender o hallar alguna explicación o racionalidad a este “papelón” macrista.

Desde una concepción política guiada por una identidad, por convicciones, por la búsqueda de una democracia ideologizada y participativa que aspire a una sociedad más igualitaria -presente en la militancia K y en cierta  militancia de izquierda-, este giro discursivo del Pro no puede  “sonar” más que a un combo ridículo vacío y cargado de oportunismo. Y obvio que quien escribe este artículo comparte esos calificativos.

Pero el espacio asesorado por Duran Barba analiza la realidad electoral y la democracia desde otra racionalidad política o esquema de  percepción que aquellos militantes de partidos o movimientos que guían sus acciones por la búsqueda de algún de norte  de una  sociedad más igualitaria tal vez les cueste (nos cueste) entender.


El macrismo alejado de una idea de democracia y ciudadanía entendida en el sentido clásico como participación del pueblo o estilo de vida (con ecos que provienen de la democracia directa de los griegos o los idearios de J. J.  Roussseau), o más clasista donde el sujeto obrero adquiere una centralidad fundamental, parte de una concepción democrática análoga a la de un mercado económico como lo describió el economista austriaco J. Schumpeter casi a mitad del siglo pasado.

Esto significa percibir el ámbito político como un mercado económico, el cual no está integrado por  ciudadanos que “piensan” en políticas, que luego aplicarán sus representantes, sino que los mismos son identificados como meros consumidores, en tanto los políticos son percibidos como empresarios que “venden” sus propuestas como en un sistema económico.

Schumpeter dejó de percibir la democracia como se había pensado hasta ese momento en la teoría política tradicional. Es decir la Democracia entendida como una forma de gobierno o una forma de vida inspirada en ideales tales como la voluntad general y el bien común, para definirla solamente como un método electivo.

El pueblo en esta concepción deja de existir como un conjunto de ciudadanos racionales, interesados en la cosa pública, para recluirse en sus problemas privados (Daniel Garcia Delagado). O,  cuando se interesa, percibe la política en sus dimensiones más de superficie antes que desde argumentos profundos que piensen en cuestiones o problemáticas estructurales.

En este sentido la ciencia política contemporánea  a partir de Schumpeter dejó de definir a la democracia en su clásica acepción como “gobierno del pueblo” para entenderla como gobierno de la elite dirigencial, es decir el “gobierno de los políticos” (José Nun)

Esta concepción procedimental y apática de la democracia en que se sostiene el principal asesor de Mauricio Macri, el ecuatoriano Duran Barba,   se ve reflejado en cuanta entrevista periodísticas se le presenta cuando señala,  en sus propias que palabras, que aproximadamente un “60 o 70%  de las ciudadanos que conforman las sociedades actuales no se interesa por la política”.  O como señala, lo citamos de paso, en tonos parecidos, el otro dirigente opositor al actual gobierno, Sergio Massa cuando se refiere “a la gran avenida del medio” entre el hiper- kirchnerismo a ultranza y el antikirchnerismo  furioso y conservador.

Desde esta cosmovisión reduccionista de la democracia constituidas por ciudadanos despolitizados y apáticos la mayor parte del año o a lo sumo transformados en meros “consumidores” en las inmediateces de una elección, no resulta totalmente descabellado o irracional “acomodarse”  a los vaivenes de esta “gran avenida del medio” que constituye en buena proporción la denominada  opinión pública; y actualmente hay un clima de época donde la opinión pública, a diferencia de los noventa, que se inclinaba por las propuestas privatista y por  la exaltación del mercado, se inclina por una orientación más estatista o interventora del rol del Estado.

Igualmente, en este marco, los partidos no pueden adoptar ideologías idénticas, al decir de otro politólogo de esta corriente formalista o minimalista de la democracia como el norteamericano Anthony Downs, “porque deben crear diferencias suficientes para que su producto (la ideología) se distinga de sus rivales y así atraer votantes a sus urnas. Sin embargo, igual que en un producto de mercado, cualquier ideología que tenga un éxito considerable es imitada muy pronto, y las diferencias se producen a niveles más sutiles”.

Esta orientación ideológica configurada por el kirchnerismo en los 2000 parece “exitosa”,  en los términos de Antony Downs. Entonces es perfectamente racional que el macrismo busque imitarla en su discurso, presentando al decir del politólogo norteamericano “diferencia a niveles más  sutiles”. En el caso del PRO las diferencias que busca establecer están vinculas con  la gestión, con la administración. Se presenta como más eficiente, más competente frente al “despilfarro e ineficacia” kirchnerista en el manejo de la cosa pública.

Si se presta atención con anterioridad a este giro discursivo, los macristas estaban dando pistas de esta “metamorfosis ideológica” cuando semanas atrás en sendas entrevistas por los medios hegemónicos María Eugenia Vidal decía adherir a la figura de Evita o Duran Barba señalaba al macrismo como un partido progresista.

Sin embargo, aún cuando se ha tratado, en el presente artículo  de problematizar la racionalidad política del giro discursivo del macrismo,  aún cuando se intentado matizar lo que puede resultar a primera vista un accionar desacertado y desconcertante, lo que resulta  inoportuno y un tanto  un tanto tosco y bizarro, es adoptar como propias las políticas progres del  kirchnerimo en el mismo  momento, en el mismo instante de una casi derrota electoral y bruscamente sin apelar a ningún tipo de sutilezas, de gradualidad o simulación por parte del máximo dirigente del PRO, Mauricio Macri. 



viernes, 15 de mayo de 2015

CONTINUIDAD-DISCONTINUIDAD DEL KIRCHNERISMO, EL PROBLEMA DEL DESARROLLO.


Aparentemente, Cristina no va a intervenir  de forma directa en las Paso presidenciales en el interior del Frente por la Victoria.  Por lo que las chances del actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli  -el mejor posicionado en las encuestas- de representar al kirchnerismo en las generales se mantienen intactas.
No obstante, en estos días ha pedido, solicitado “humildad”  a los candidatos  oficialistas que menos miden en las encuestas para que se bajen de la contienda electoral, lo que puede potenciar  a Florencio Randazzo .

Scioli cuenta con el apoyo de  un volumen importante de  gobernadores pejotistas y sindicatos cercanos al oficialismo. Cristina  evita ir a un enfrentamiento interno  en la constelación oficialista Frente Victoria-PJ, tal vez  por temor a un cisma que pueda dejar abierto las puertas del triunfo a la oposición conservadora. Además se pueden poner en juego la permanencia de miles de cargos institucionales en el aparato estatal de militantes jóvenes de Unidos y Organizados, quienes tambalearían en sus puestos laborales en un hipotético conflicto con Scioli y el PJ conservador.

El debate en las filas kirchneristas sobre la estrategia  de “omisión” o prescindencia  de la presidenta, “da” para un largo  debate, quizás, sin conclusiones cerradas.

Hay quienes piensan que hay que permanecer en la mayor parte de la estructura institucional, conservar las conquistas logradas, y “aguantar" a Scioli cuatro años;  y quienes por contrapartida señalan la necesidad de reeditar la “mitológica resistencia” en el llano, ésta vez en clave kirchnerista para no licuar identidad y volver en las elecciones 2019, conservando la mística.

En esta bifurcación, se podría ensayar una crítica extremista  al primer camino  imaginando dos escenarios negativos para el futuro kirchnerista, de seguir las huellas sciolistas a la presidencia:

    Uno si el desempeño del Sciolismo es mediocre o negativo en el gobierno, se corre peligro que el kirchnerismo quede pegado como parte del universo sciolista-PJ en el imaginario colectivo, y la sociedad termine volcándose a la oposición.

Por contrapartida, si a Scioli le va bien y logra cierta prosperidad o crecimiento económico, se abre la posibilidad que triunfe en el 2019 y el sciolismo continúe  cuatro años más,  redondeando una totalidad de  ocho, con el peligro que el  kirchnerimo sea recordado como una agradable, pero efímera etapa peronista, como lo fue el menemismo en los '90.

Tal vez  esta última  comparación peque de un exceso de pesimismo teniendo en cuenta que  el kirchnerismo ha implicado, en un contexto  marcado por la banalización y la espectacularización de la política, una suerte de revolución cultural, de repolitización y reideologización de segmentos significativos de la sociedad, sobre todo de los mas jóvenes, en tanto durante  el  menemismo al tiempo que la sociedad civil, disfrutaba de unos años de bonanza y de estabilidad económica defeccionaba de la política parar reclutarse en el ámbito privado y el consumo hedonista.

También no es menos verídico, si vale la comparación, que la “primavera alfonsinista” con el regreso de la democracia despertó la militancia como hoy la despierta el kirchnerimno (tras la noche negra de la dictadura) y hoy lamentablemente el alfonsinismo tal vez no pase más de un feliz fugaz  recuerdo de aquellos jóvenes hoy  cincuentones.

Sin embargo, no es comparable en este sentido aquella  efímera primavera alfonsinista con el kirchnerismo actual,  porque  la gestión de Raúl Alfonsin concluyó catastróficamente en una crisis de gobernabilidad reflejada en los índices hiperinflacionarios, en tanto Cristina  terminará su gestión con una legitimidad  social intacta después de doce años en el gobierno, en tanto las macro variables económicas parecen medianamente estabilizadas.

En este sentido, hay que decir que la gestión de los kicillof boys ha resultado bastante satisfactoria.
Los jóvenes economistas han logrado estabilizar el frente externo a partir de un aumento de las reservas  de la divisa norteamericana  del banco central, swa chino mediante, Bonar 2024 y aumentar la cartera de plazo fijo en pesos. Esto se ha logrado en un escenario complicado y turbulento con el conflicto desatado con los fondos buitres y la manija apocalíptica de los medios dominantes.

Igualmente dos  desafíos les queda a los kicillof  boys .

Uno de corto plazo que implica mantener  estabilizados los precios en el mercado evitando que la puga distributiva entre capital-y trabajo dispare una inflación hoy controlada.

Otro de largo plazo que tiene que ver con profundizar el proceso de sustitución de importación, la re-industrialización, la diversificación y modificación del aparato  productivo que permita incorporar a casi un tercio de la población económicamente activa que lidia con la informalidad.

Esto implica, como señalan los economistas,  pasar del crecimiento al desarrollo.

El primer desafío encuentra a los jóvenes  miembros de la cartera económica en plena acción y gestión. En cuanto a la agenda de desarrollo, resulta hoy una incógnita la continuidad de la actual cartera económica en un hipotético gobierno sciolista.

Igualmente, más allá de la presencia o ausencia del actual ministro de economía y su equipo, el mismo Scioli apela al concepto de desarrollo en cuanta entrevista mediática se le presenta. Sin temor a exagerar es su latiguillo preferido.

Sin embargo, como señalaba el economista crítico Oscar Bráun a fines de la década de los '60 y principios de los  '70,  diversificar la sustitución de importaciones y avanzar hacia un desarrollo que aminore  la dependencia económica tecnológica con el centro, se requiere de cuantiosos recursos, “no se puede hacer con moneditas”.
Claro que eso requiere afectar intereses  para “profundizar”.  
Como se sabe, al interior de la coalición oficialista, el sciolismo no encarna la versión más conflictiva y radicalizada que presuma una vocación confrontativa con sectores de poder interno y externo que permita  regular, acaparar o disputar  recursos, excedentes.

En la percepción sciolista parece  primar una concepción “desarrollista”  reducida  a un trato conciliador y amistoso con el capital. Sólo con la presencia de un equipo “capacitado” esperan lograr mayor “confianza” en la inversión privada. 

Lo cierto  es que si se logra incrementar la denominada inversión extranjera directa que traiga los dólares que superen “el cuello de botella” siempre latente de una sustitución incompleta, se corre el peligro de tener pan para hoy y hambre para mañana.

La experiencia histórica del siglo XX evidencia que los flujos de divisas que pueden proveer en un comienzo la inversión extranjera, se vuelve en contra en el cercano futuro con la remisión de utilidades  de las multinacionales a sus casas matrices, sin contar entre otras tramoyas ilegales como  la fuga de capitales a partir de  la sobrefacturación de importaciones y  subfacturación de exportaciones.

Otra alternativa del sciolismo es el endeudamiento. Abrir la cuenta de capital que, tal vez pueda traer algunos años de crecimiento y bonanza en el consumo de sectores medios, pero sinó se maneja con criterios productivos y se cae nuevamente en “la burbuja” de  la especulación  financiera  o el uso de gasto corriente, no sólo que pospone un desarrollo genuino que aminore la dependencia, sino que se corre el peligro de reeditar  hechos sociales trágicos de la historia reciente.




jueves, 2 de abril de 2015

IMPRESIONES DEL PARO



1) Primero,  el paro gremial del día martes 31 fue masivo y contundente, si bien es verídico que contribuyó a los altos niveles de ausentismo laboral el cese de actividades  del transporte público, lo cual imposibilitó que muchos asalariados pudieran llegar a sus ámbitos de trabajo en caso de que no adhirieran al Paro.


2) En relación a la demanda puntal, como máxima, de eliminar el impuesto a la ganancia sobre el trabajo o al menos elevar el mínimo no imponible, hay que tener en consideración dos cuestiones a priori:

  
  a)En países desarrollados  que supuestamente tenemos como espejo a imitar -Noruega Alemania-, este impuesto existe y es pagado desde escalas salariales aún menores que en nuestro país.

 b)En Argentina,  el impuesto a las ganancias, es archisabido, grava a una minoría del universo de  trabajadores en relación de dependencia.


3)No obstantes, es cierto que hace un poco de “ruido”, en términos de justicia distributiva, que el laburante, el proletario más o menos calificado sea gravado con este impuesto mientras sectores rentísticos como el ámbito financiero o el mercado bursátil son eximidos de esta presión tributaria.

Tal vez en este asunto el gobierno o la próxima gestión (resulte k o no)  debería abrir una agenda de discusión con los distintos actores involucrados del mundo sindical y el sector empresario  en relación con una reforma impositiva de tipo progresista.

Esta mesa de diálogo se deberían, incluso, reconocer posibles costos  o efectos contraproducentes que pudieran implicar una orientación en ese sentido para la gobernabilidad de la economía argentina como una intensificación de la fuga de capitales y de la demanda de la divisa norteamericana que perjudicara a la mayoría de los asalariados con ingresos fijos.

Además, hay que decirlo, los trabajadores  de mayores ingresos contribuyeron durante estos años al drenaje de divisas. Por ejemplo, durante el año 2014 un tercio del achicamiento de las reservas fue provocado por este sector. Ergo no resulta descabellado pensar que puede haber cierto temor desde el Ministerio de Economía del “rusito” Kicillof a que un  aumento en el mínimo no imponible implique nuevos recursos en manos de los trabajadores que  puedan “volar” a la compra de dólares, colaborando con una futura devaluación con todos los perjuicios que eso conlleva para el resto de los trabajadores.


 4) En relación al carácter político del Paro, habría que aclarar en una primera digresión que todo Paro es intrínsecamente político si reconocemos que el ámbito de lo “político” incluye  la  dimensión conflictiva.

En este caso particular, se trata de  un antagonismo entre una parte significativa del mundo sindical que actúa como grupo de presión (aunque ellos se auto-perciban como representantes del interés general de los trabajadores, son mal que les pese un grupo de presión)  para intentar arrancarle al  gobierno  las políticas públicas que beneficien o al menos que  no perjudiquen a sus afiliados, en este caso concreto la cuestión impositiva.

Pero  no  es este el significado cuando se denuncia, se estigmatiza al paro gremial, sobre todo desde el oficialismo, de “paro político”.

Más allá de la naturaleza conflictiva, desde el elenco gubernamental se percibe  en este Paro un propósito superior por parte de los responsables a una  demanda social o económica, legítima o no, discutible o no. Se percibe en este cese de actividades  un interés político de mayores dimensiones vinculado al objetivo de degastar la imagen e incluso  la gobernabilidad del oficialismo kirchnerista frente a la cercanía de las elecciones nacionales presidenciales  y evitar  de este modo la continuidad del actual proyecto en el gobierno.

Es obvio que en esta percepción, en este diagnóstico del Frente por la Victoria no es desacertado,  algo de eso existe. Los actores involucrados en el Paro no son ingenuos y son conscientes que contribuyen a desgastar políticamente al gobierno, más allá de la demanda sindical en particular.


5)  En este contexto, hay que decirlo (aunque duela ya que tengo varios amigos ahí) el rol de los partidos o sindicatos pertenecientes al segmento izquierdista deja mucho que  desear


Si la izquierda, en todo el proceso K,  ha buscado diferenciarse del gobierno y es opositor al mismo en función de respetar sus principios programáticos y axiológicos en cierto punto es respetable, pero la incoherencia o la contradicción ideológica es evidente si te movilizás o “parás” con el sindicalismo más rancio y conservador, mientras te aplauden los sectores partidarios de derecha al borde de una elección nacional en connivencia con el aparato mediático hegemónico.


Las izquierdas “viven” criticando y visibilizando las contradicciones, los dobleces por derecha del gobierno nacional y popular desde un purismo ideológico y axiomático que ellos violan desde el momento que confluencian fuerzas con sectores más reaccionarios y recalcitrantes del mapa político y sindical vernáculo.


Si te vas a diferenciar del gobierno nacional por “izquierda”, distanciate de modo claro y contundente en la práctica política y social de la derecha sindical, partidaria y mediática, que a priori resultaría una empresa más  factible por la abismal distancia ideológica. Pero no. Autojustifican  que su accionar está fundado en  una alianza táctica y coyuntural para desgastar al gobierno “burgués” tibiamente reformista, pero observando las encuestas previas a las elecciones presidenciales del presente año no se percibe un giro hacia la izquierda de la sociedad argentina, sino todo lo contrario.


Por otra parte, la derecha partidaria busca capitalizar cada protesta o demanda social  de naturaleza patronal o sindical con discursos y propuestas facilistas o demagógicas de difícil concreción sino se desea desfinanciar al Estado.


Si sectores de la burguesía y clases medias reniegan del cepo cambiario, la derecha institucional sale apresurada al espacio mediático a prometer su eliminación en caso de llegar a la Casa Rosada. Si el “campo” pide eliminar las retenciones su discurso es similar. Si los gremios, como en este caso, reclaman por el impuesto a las ganancias, prometen su inmediata supresión.

En caso hipotético de ser oficialismo la derecha, a partir  de un triunfo electoral en las presidenciales de este año, y  dar respuesta  a las demandas con estos criterios impositivos, no habría economía ni Estado que aguante.

 De aplicar este menú de medidas, quedaría desguazado de recursos el sector público para cumplir con sus políticas sociales entre otras. Salvo que se remita al endeudamiento para gasto corriente o para garantizar un funcionamiento mínimo del aparato estatal. Sería un regreso a una variante neoliberal. Ya sabemos como termina eso.