viernes, 19 de junio de 2015

SCIOLI-ZANNINI: LA FORMULA DEL EMPATE


Los analistas y editorialistas de los medios hegemónicos estallaron de ira al conocer la noticia que el "Chino" Carlos Zannini,  quien tal vez sea el número tres del kirchnerismo, después de Cristina y Néstor,  ocuparía la candidatura a la vicepresidencia, acompañando al ex motonauta  Daniel Scioli.

Imaginaban el “fin de ciclo” kirchnerista  con la imposibilidad constitucional de reelección de Cristina y con un Scioli  presidente permeable a sus designios e intereses,  y se encuentran con que Cristina pone una “marca personal” en el ejecutivo  para defender el proyecto.

Al tiempo que han demonizado a Zannini por ser el colaborador más cercano en la redacción de las leyes que los afectan, -ley de medios, democratización de la justicia, entre otras-  idolatran  al actual Ministro de Transporte Florencio   Randazzo por su “gesto de dignidad” al bajarse de la pre-candidatura presidencial y negarse a ocupar la candidatura a la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Por otra parte, desde la militancia más fidedigna al kirchnerimo se mastica con algo de desazón la confirmación,  por parte del gobierno, de Scioli. Es un candidato, se sabe, que no despierta mayores entusiasmos o fervores dotados de épicas con horizontes transformadores. No es casualidad, en este sentido, que Cristina se apure a transformar en  ley el decreto que propulsó la Asignación Universal por Hijo antes que finalice su mandato.

Lo cierto es que, a estas alturas de la campaña, a Cristina no le quedaba otra alternativa de hacer lo que hizo si quería evitar quedar pegada a una probable derrota de Randazzo en las Paso, frente Scioli y a la derecha macrista.

Es verídico que no fue el mejor modo de comunicar la decisión. Randazzo no se merecía, especialmente por el empeño demostrado en los lugares que le tocó gestionar, enterarse por  televisión y de un sopapo de la  “buena  nueva".

Igualmente, ni Scioli ni Randazzo eran del paladar negro kirchnerista, aunque este último haya logrado cierta anuencia o simpatía de parte de  la militancia K por la radicalización de su discurso.

Cristina no pudo, no supo, o no quiso en todo este tiempo construir un candidato del “palo” kirchnerista como, por ejemplo, hizo   Lula con  Dilma  en Brasil. Esta última era una casi ignota desconocida en la sociedad brasilera antes que fuera bendecida por el líder del PT. Aunque también es verdad que el país vecino carece de un  poderoso aparato partidario conservador  similar al justicialista con el que se tenga que  verse  obligado negociar.

Las encuestas, desde hace ya un tiempo prolongado, le daban la pole posición a un candidato moderado como Scioli en las filas oficialistas.

La sociedad parece pedir moderación luego de las conquistas logradas y Cristina leyó eso.
Además, a contraposición de lo que diagnostican la mayoría de los medios opositores, Cristina no es una presidenta super-poderosa y dictatorial que lo decide todo sola.

La candidatura presidencial de Scioli por el Frente por la Victoria, alguien resistido desde siempre por parte de los kirchneristas ideoligizados, pero que cuenta con la anuencia de la liga de gobernadores pejotistas e intendentes conservadores, es reflejo de una relativa  debilidad presidencial  que refuta la tesis de absoluto poderío en el ejecutivo actual.

La fórmula de “unidad peronista” está basada en una especie de “empate hegemónico” entre pejotismo tradicional y las nuevas fuerzas progres del kirchnerimo.

Para el filósofo Ricardo Forster, se trata de un “equilibrio interesante”. Puede ser o no.

En política es una empresa complicada hacer futurología, por lo contingente y cambiante de las relaciones sociales, políticas, culturales y económicas que la nutren. Veremos  que acontece, porque a diferencia de lo que prevé el reconocido intelectual, también está la posibilidad de consumar un “equilibrio in-movilizante”. 
Es decir, que el futuro gobierno, en el mejor de los casos de no quebrarse el “delicado equilibrio”, no retroceda en lo hecho, pero no avance, sino que configure una  especie de  administración de lo logrado. 

viernes, 15 de mayo de 2015

CONTINUIDAD-DISCONTINUIDAD DEL KIRCHNERISMO, EL PROBLEMA DEL DESARROLLO.


Aparentemente, Cristina no va a intervenir  de forma directa en las Paso presidenciales en el interior del Frente por la Victoria.  Por lo que las chances del actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli  -el mejor posicionado en las encuestas- de representar al kirchnerismo en las generales se mantienen intactas.
No obstante, en estos días ha pedido, solicitado “humildad”  a los candidatos  oficialistas que menos miden en las encuestas para que se bajen de la contienda electoral, lo que puede potenciar  a Florencio Randazzo .

Scioli cuenta con el apoyo de  un volumen importante de  gobernadores pejotistas y sindicatos cercanos al oficialismo. Cristina  evita ir a un enfrentamiento interno  en la constelación oficialista Frente Victoria-PJ, tal vez  por temor a un cisma que pueda dejar abierto las puertas del triunfo a la oposición conservadora. Además se pueden poner en juego la permanencia de miles de cargos institucionales en el aparato estatal de militantes jóvenes de Unidos y Organizados, quienes tambalearían en sus puestos laborales en un hipotético conflicto con Scioli y el PJ conservador.

El debate en las filas kirchneristas sobre la estrategia  de “omisión” o prescindencia  de la presidenta, “da” para un largo  debate, quizás, sin conclusiones cerradas.

Hay quienes piensan que hay que permanecer en la mayor parte de la estructura institucional, conservar las conquistas logradas, y “aguantar" a Scioli cuatro años;  y quienes por contrapartida señalan la necesidad de reeditar la “mitológica resistencia” en el llano, ésta vez en clave kirchnerista para no licuar identidad y volver en las elecciones 2019, conservando la mística.

En esta bifurcación, se podría ensayar una crítica extremista  al primer camino  imaginando dos escenarios negativos para el futuro kirchnerista, de seguir las huellas sciolistas a la presidencia:

    Uno si el desempeño del Sciolismo es mediocre o negativo en el gobierno, se corre peligro que el kirchnerismo quede pegado como parte del universo sciolista-PJ en el imaginario colectivo, y la sociedad termine volcándose a la oposición.

Por contrapartida, si a Scioli le va bien y logra cierta prosperidad o crecimiento económico, se abre la posibilidad que triunfe en el 2019 y el sciolismo continúe  cuatro años más,  redondeando una totalidad de  ocho, con el peligro que el  kirchnerimo sea recordado como una agradable, pero efímera etapa peronista, como lo fue el menemismo en los '90.

Tal vez  esta última  comparación peque de un exceso de pesimismo teniendo en cuenta que  el kirchnerismo ha implicado, en un contexto  marcado por la banalización y la espectacularización de la política, una suerte de revolución cultural, de repolitización y reideologización de segmentos significativos de la sociedad, sobre todo de los mas jóvenes, en tanto durante  el  menemismo al tiempo que la sociedad civil, disfrutaba de unos años de bonanza y de estabilidad económica defeccionaba de la política parar reclutarse en el ámbito privado y el consumo hedonista.

También no es menos verídico, si vale la comparación, que la “primavera alfonsinista” con el regreso de la democracia despertó la militancia como hoy la despierta el kirchnerimno (tras la noche negra de la dictadura) y hoy lamentablemente el alfonsinismo tal vez no pase más de un feliz fugaz  recuerdo de aquellos jóvenes hoy  cincuentones.

Sin embargo, no es comparable en este sentido aquella  efímera primavera alfonsinista con el kirchnerismo actual,  porque  la gestión de Raúl Alfonsin concluyó catastróficamente en una crisis de gobernabilidad reflejada en los índices hiperinflacionarios, en tanto Cristina  terminará su gestión con una legitimidad  social intacta después de doce años en el gobierno, en tanto las macro variables económicas parecen medianamente estabilizadas.

En este sentido, hay que decir que la gestión de los kicillof boys ha resultado bastante satisfactoria.
Los jóvenes economistas han logrado estabilizar el frente externo a partir de un aumento de las reservas  de la divisa norteamericana  del banco central, swa chino mediante, Bonar 2024 y aumentar la cartera de plazo fijo en pesos. Esto se ha logrado en un escenario complicado y turbulento con el conflicto desatado con los fondos buitres y la manija apocalíptica de los medios dominantes.

Igualmente dos  desafíos les queda a los kicillof  boys .

Uno de corto plazo que implica mantener  estabilizados los precios en el mercado evitando que la puga distributiva entre capital-y trabajo dispare una inflación hoy controlada.

Otro de largo plazo que tiene que ver con profundizar el proceso de sustitución de importación, la re-industrialización, la diversificación y modificación del aparato  productivo que permita incorporar a casi un tercio de la población económicamente activa que lidia con la informalidad.

Esto implica, como señalan los economistas,  pasar del crecimiento al desarrollo.

El primer desafío encuentra a los jóvenes  miembros de la cartera económica en plena acción y gestión. En cuanto a la agenda de desarrollo, resulta hoy una incógnita la continuidad de la actual cartera económica en un hipotético gobierno sciolista.

Igualmente, más allá de la presencia o ausencia del actual ministro de economía y su equipo, el mismo Scioli apela al concepto de desarrollo en cuanta entrevista mediática se le presenta. Sin temor a exagerar es su latiguillo preferido.

Sin embargo, como señalaba el economista crítico Oscar Bráun a fines de la década de los '60 y principios de los  '70,  diversificar la sustitución de importaciones y avanzar hacia un desarrollo que aminore  la dependencia económica tecnológica con el centro, se requiere de cuantiosos recursos, “no se puede hacer con moneditas”.
Claro que eso requiere afectar intereses  para “profundizar”.  
Como se sabe, al interior de la coalición oficialista, el sciolismo no encarna la versión más conflictiva y radicalizada que presuma una vocación confrontativa con sectores de poder interno y externo que permita  regular, acaparar o disputar  recursos, excedentes.

En la percepción sciolista parece  primar una concepción “desarrollista”  reducida  a un trato conciliador y amistoso con el capital. Sólo con la presencia de un equipo “capacitado” esperan lograr mayor “confianza” en la inversión privada. 

Lo cierto  es que si se logra incrementar la denominada inversión extranjera directa que traiga los dólares que superen “el cuello de botella” siempre latente de una sustitución incompleta, se corre el peligro de tener pan para hoy y hambre para mañana.

La experiencia histórica del siglo XX evidencia que los flujos de divisas que pueden proveer en un comienzo la inversión extranjera, se vuelve en contra en el cercano futuro con la remisión de utilidades  de las multinacionales a sus casas matrices, sin contar entre otras tramoyas ilegales como  la fuga de capitales a partir de  la sobrefacturación de importaciones y  subfacturación de exportaciones.

Otra alternativa del sciolismo es el endeudamiento. Abrir la cuenta de capital que, tal vez pueda traer algunos años de crecimiento y bonanza en el consumo de sectores medios, pero sinó se maneja con criterios productivos y se cae nuevamente en “la burbuja” de  la especulación  financiera  o el uso de gasto corriente, no sólo que pospone un desarrollo genuino que aminore la dependencia, sino que se corre el peligro de reeditar  hechos sociales trágicos de la historia reciente.




martes, 5 de mayo de 2015

PUJA DISTRIBUTIVA, INFLACIÓN Y COMO SE BUSCA COMPENSAR EL “INFIERNO” DEL TRABAJO CON EL “PARAISO” DEL CONSUMO.



La inflación se ha estancado en estos dos últimos meses. El frente externo se ha tranquilizado después del swap chino y la  reciente salida al mercado financiero con el “Bonar 2024”, lo que demuestra que Argentina tiene acceso al mercado de capitales a pesar de la campaña mediática de la derecha y el ataque especulativo de los  fondos buitres.

Los sindicatos presionan al gobierno por paritarias  libres “sin techo” que superen el 30%. El gobierno ha otorgado cierta progresividad al impuesto a las ganancias para aquellos asalariados con ingresos entre 15.000 y 20.000 pesos, lo que implica un aumento entre el 5 y el 6 % de estos sueldos.

El Ministerio de Economía se muestra temeroso ante aumentos de ingresos que superen holgadamente el 30%.
Se aspira a que entre el 25 y el 26 % que otorga la burguesía y la reciente flexibilización del impuesto a las ganancias, los aumentos ronden  el 30%. Tal vez apenas por arriba, tal vez apenas por debajo, dependiendo de cada sector.

El gobierno tiene  temores lógicos  que incrementos “desmedidos” de los salarios en “blanco” reactualicen la puja distributiva. Es decir, que las empresas trasladen esos aumentos a la remarcación de precios de bienes finales elevando la inflación, perjudicando de este modo al resto de los asalariados más vulnerables: como los pequeños cuentapropistas, trabajadores informales, beneficiarios de planes sociales,  miembros de fábricas auto-gestionadas.

Por tal motivo, el gobierno, les solicita solidaridad para con sus compañeros de clase, a los trabajadores registrados para que moderen sus apetencias salariales.

Muchos de estos trabajadores registrados que habían sido excluidos del sistema laboral durante  la crisis del 2001, en el periodo kirchnerista han logrado creciente acceso al mercado de consumo masivo  tecnológico y no quieren perder en el progreso y modernización personal. “¿Sino para que trabajás?”, señalan.

O, en términos del  autor marxista John Holloway, en un capitalismo contemporáneo despótico en las unidades fabriles, alienados y rutinizados  en el proceso productivo, el trabajador compensa “el infierno” del trabajo con el paraíso del “consumo” en aquellas economías con Estados de Bienestar o intentos bienestaristas. El kirchnerismo sería un ejemplo de búsqueda bienestarista en esta economía periférica y dependiente.

Ademas, esta situación se complejiza, porque  masivos  aumentos salariales de los sectores mejor organizados y con capacidad de presión (si logran cierto excedente o capacidad de ahorro) se vuelcan a la compra de electrónica y a consumo en la industria automovilista que contienen un alto componente importado.  

Esto implica reducción de divisas del Banco Central para cumplir tales importaciones. Como se sabe, esta  reducción de dólares por “consumo” más la “fuga de capitales” traer aparejado bruscas devaluaciones y problemas de gobernabilidad a los gobiernos. 

Como señala el economista afín al oficialismo, Andres Asiain, no estamos en condiciones de ingresar en un “boom” de consumo de electrónica como los anteriores años del kirchnerismo y aconseja destinar recursos en salud, educación y construcción, sectores con baja o nula demanda de la divisa norteamericana.

A lo que  se le puede agregar que, aún si estuviéramos en un escenario de exceso de   dólares,  el “boom” de consumo internacionalizado  no colabora con una noción de desarrollo sustentable  perdurable en el tiempo y diversificación productiva, para que el país permita integrar a casi un tercio de la población que todavía lidia con  la informalidad y la inestabilidad laboral.

En relación a los trabajadores  “modernizados”, el pensamiento progresista o el mundo  sindical  en general deberían comenzara  pensar en no reducir la “cuestión laboral” en  términos  de demandas  estrictamente economicistas, que terminan siendo, en no pocas oportunidades, corporativas y  particularistas, para comenzar a debatir aspectos cualitativos del mundo del trabajo.

Quizás se debería abrir una agenda de debate que incorpore otras dimensiones del espacio laboral, que incluya pero supere la reactualización salarial, tales como: intensidad y horas de trabajo, democratización de los procesos productivos,  autonomía y creatividad, rotación y des-rutinización a partir de las cuales el trabajo  implique una gratificación por si mismo que busque moderar los deseos consumistas no indispensables (superfluos) del asalariado,  que fomentan los medios publicitarios de comunicación.


 Comenzar a abrir el horizonte de discusión sobre la denominada  sociedad de consumo” o en otros términos “el modo de vida norteamericano” no es una tarea sencilla, pero tampoco es totalmente ingenua  ni voluntarista si tenemos en consideración el contexto de búsqueda de socialismos del siglo XXI en países de nuestra América Latina.






viernes, 17 de abril de 2015

BURGUESIA-PRO



Recientemente, la organización de la cena del PRO vio colmada sus instalaciones con el “módico” aporte de 50 mil pesos por empresario para colaborar con la campaña presidencial de Mauricio Macri.
La pregunta inmediata y evidente que surge ante este glamuroso acontecimiento es cómo es posible que después de una década K en donde la alta burguesía la “ha levantado con pala” reviente las instalaciones PRO apoyando a Macri.

Decía el politólogo Guillermo O’donnell,   a mediados de los ’70, en un artículo  denominado “Estado y Alianza de clases”, que la alta burguesía para salir de la crisis o de recesiones muy  prolongadas, al principio “dejan hacer” a los gobiernos populista en tanto se benefician del crecimiento económico.   

Pero las sucesivas paritarias y aumento de salarios les resulta cada vez más incómodos para ser competitivos  en tanto que las “excesivas” regulaciones estatales agudizan su malhumor, porque entienden que el mundo de los negocios es un asunto exclusivamente  privado.

El lucro y la obtención de ganancias es un aspecto sustancial de sus actividades empresariales y se podría decir de sus vidas.  Sin embargo, para que el proceso de acumulación capitalista y reinversión se produzca con cierto éxito es necesario un clima de "orden" y normalidad en los lugares de trabajo.

Es muy común que en los ciclos de crecimiento económico, con la reducción del desempleo en conjunción con un Estado activo en políticas sociales que permite cierta desmercantilización de la fuerza de trabajo, el proletariado disminuya sus temores  a perder el empleo y cambie la correlación de poder en el trato cotidiano con los patrones o gerentes.

Esto se puede ver reflejado en cierto desgano, por la propia rutinización, de la fuerza de trabajo en las unidades productivas, crecimiento del ausentismo y el sabotaje laboral.
Algo de eso hay en los recientes conflictos que ha tenido como protagonista a la izquierda en empresas como Donnelley.  Si se escucha las voces de la patronal, justifican las expulsiones  “porque no tienen ganas de trabajar”.

El populismo y las políticas de pleno empleo así como el modelo de sustitución de importaciones  permiten actitudes indisciplinadas, desobediencias, rebeldías por parte de la fuerza de trabajo.
Es esto lo que molesta al empresariado, además de posibles recortes de  sus ganancias por las paritarias y excesivas injerencias estatales, el desorden y la indisciplina en las células del sistema de propiedad privada, es decir  en sus fábricas.

La búsqueda de autonomía por parte de fracciones obreras en relación al ritmo de  su trabajo, a la manera de realizar el proceso productivo, en evitar aspectos del trabajo alienante, es un viejo problema que padecen  las clases dominantes. Se trata de relaciones de poder que se producen a nivel “capilar”, parafraseando al francés Michel Foucault.

Es más, si recordamos el Golpe de estado del ‘76 en nuestro país,  fue justificado por la fuerza castrense para poner orden a lo que ellos consideraban el cáncer en la sociedad argentina: la indisciplina.
Con este fin había que desarmar el modelo de sustitución de importaciones y una economía semi-cerrada, agudizado por el peronismo, sobre el cual sostenían sus fuerzas la clase obrera, a través de políticas neoliberales ortodoxas de apertura comercial y reducción de gasto público. Ese fue el sentido de destrucción del aparato productivo por parte del inefable ministro de economía de la dictadura José Alfredo Martinez de Hoz.

Hoy, los tiempos han cambiado,  observando las encuestas con tres candidatos presidenciables que van del centro a la derecha en el espectro ideológico,  la alta burguesía no necesita los cuarteles, le alcanza con el poder hegemónico de los medios de comunicación.

jueves, 2 de abril de 2015

IMPRESIONES DEL PARO



1) Primero,  el paro gremial del día martes 31 fue masivo y contundente, si bien es verídico que contribuyó a los altos niveles de ausentismo laboral el cese de actividades  del transporte público, lo cual imposibilitó que muchos asalariados pudieran llegar a sus ámbitos de trabajo en caso de que no adhirieran al Paro.


2) En relación a la demanda puntal, como máxima, de eliminar el impuesto a la ganancia sobre el trabajo o al menos elevar el mínimo no imponible, hay que tener en consideración dos cuestiones a priori:

  
  a)En países desarrollados  que supuestamente tenemos como espejo a imitar -Noruega Alemania-, este impuesto existe y es pagado desde escalas salariales aún menores que en nuestro país.

 b)En Argentina,  el impuesto a las ganancias, es archisabido, grava a una minoría del universo de  trabajadores en relación de dependencia.


3)No obstantes, es cierto que hace un poco de “ruido”, en términos de justicia distributiva, que el laburante, el proletario más o menos calificado sea gravado con este impuesto mientras sectores rentísticos como el ámbito financiero o el mercado bursátil son eximidos de esta presión tributaria.

Tal vez en este asunto el gobierno o la próxima gestión (resulte k o no)  debería abrir una agenda de discusión con los distintos actores involucrados del mundo sindical y el sector empresario  en relación con una reforma impositiva de tipo progresista.

Esta mesa de diálogo se deberían, incluso, reconocer posibles costos  o efectos contraproducentes que pudieran implicar una orientación en ese sentido para la gobernabilidad de la economía argentina como una intensificación de la fuga de capitales y de la demanda de la divisa norteamericana que perjudicara a la mayoría de los asalariados con ingresos fijos.

Además, hay que decirlo, los trabajadores  de mayores ingresos contribuyeron durante estos años al drenaje de divisas. Por ejemplo, durante el año 2014 un tercio del achicamiento de las reservas fue provocado por este sector. Ergo no resulta descabellado pensar que puede haber cierto temor desde el Ministerio de Economía del “rusito” Kicillof a que un  aumento en el mínimo no imponible implique nuevos recursos en manos de los trabajadores que  puedan “volar” a la compra de dólares, colaborando con una futura devaluación con todos los perjuicios que eso conlleva para el resto de los trabajadores.


 4) En relación al carácter político del Paro, habría que aclarar en una primera digresión que todo Paro es intrínsecamente político si reconocemos que el ámbito de lo “político” incluye  la  dimensión conflictiva.

En este caso particular, se trata de  un antagonismo entre una parte significativa del mundo sindical que actúa como grupo de presión (aunque ellos se auto-perciban como representantes del interés general de los trabajadores, son mal que les pese un grupo de presión)  para intentar arrancarle al  gobierno  las políticas públicas que beneficien o al menos que  no perjudiquen a sus afiliados, en este caso concreto la cuestión impositiva.

Pero  no  es este el significado cuando se denuncia, se estigmatiza al paro gremial, sobre todo desde el oficialismo, de “paro político”.

Más allá de la naturaleza conflictiva, desde el elenco gubernamental se percibe  en este Paro un propósito superior por parte de los responsables a una  demanda social o económica, legítima o no, discutible o no. Se percibe en este cese de actividades  un interés político de mayores dimensiones vinculado al objetivo de degastar la imagen e incluso  la gobernabilidad del oficialismo kirchnerista frente a la cercanía de las elecciones nacionales presidenciales  y evitar  de este modo la continuidad del actual proyecto en el gobierno.

Es obvio que en esta percepción, en este diagnóstico del Frente por la Victoria no es desacertado,  algo de eso existe. Los actores involucrados en el Paro no son ingenuos y son conscientes que contribuyen a desgastar políticamente al gobierno, más allá de la demanda sindical en particular.


5)  En este contexto, hay que decirlo (aunque duela ya que tengo varios amigos ahí) el rol de los partidos o sindicatos pertenecientes al segmento izquierdista deja mucho que  desear


Si la izquierda, en todo el proceso K,  ha buscado diferenciarse del gobierno y es opositor al mismo en función de respetar sus principios programáticos y axiológicos en cierto punto es respetable, pero la incoherencia o la contradicción ideológica es evidente si te movilizás o “parás” con el sindicalismo más rancio y conservador, mientras te aplauden los sectores partidarios de derecha al borde de una elección nacional en connivencia con el aparato mediático hegemónico.


Las izquierdas “viven” criticando y visibilizando las contradicciones, los dobleces por derecha del gobierno nacional y popular desde un purismo ideológico y axiomático que ellos violan desde el momento que confluencian fuerzas con sectores más reaccionarios y recalcitrantes del mapa político y sindical vernáculo.


Si te vas a diferenciar del gobierno nacional por “izquierda”, distanciate de modo claro y contundente en la práctica política y social de la derecha sindical, partidaria y mediática, que a priori resultaría una empresa más  factible por la abismal distancia ideológica. Pero no. Autojustifican  que su accionar está fundado en  una alianza táctica y coyuntural para desgastar al gobierno “burgués” tibiamente reformista, pero observando las encuestas previas a las elecciones presidenciales del presente año no se percibe un giro hacia la izquierda de la sociedad argentina, sino todo lo contrario.


Por otra parte, la derecha partidaria busca capitalizar cada protesta o demanda social  de naturaleza patronal o sindical con discursos y propuestas facilistas o demagógicas de difícil concreción sino se desea desfinanciar al Estado.


Si sectores de la burguesía y clases medias reniegan del cepo cambiario, la derecha institucional sale apresurada al espacio mediático a prometer su eliminación en caso de llegar a la Casa Rosada. Si el “campo” pide eliminar las retenciones su discurso es similar. Si los gremios, como en este caso, reclaman por el impuesto a las ganancias, prometen su inmediata supresión.

En caso hipotético de ser oficialismo la derecha, a partir  de un triunfo electoral en las presidenciales de este año, y  dar respuesta  a las demandas con estos criterios impositivos, no habría economía ni Estado que aguante.

 De aplicar este menú de medidas, quedaría desguazado de recursos el sector público para cumplir con sus políticas sociales entre otras. Salvo que se remita al endeudamiento para gasto corriente o para garantizar un funcionamiento mínimo del aparato estatal. Sería un regreso a una variante neoliberal. Ya sabemos como termina eso.

domingo, 8 de febrero de 2015

Metamorfosis de la representación. Cultura política y kirchnerismo frente a las elecciones 2015




Desde fines del siglo XIX  hasta mediados del siglo XX los lazos de representación políticas estaban enmarcados en el paradigma del denominado partidos de masas o democracia de partidos como lo analizara Bernan Manin en su conocido artículo “La metamorfosis de la representación”.

Esta representación se caracterizaba por lealtades permanentes, partidos ideologizados, identidades fuertes y correspondencia perdurable  entre los intereses de los estratos sociales y los programas de los partidos políticos.

De este modo, en Europa el clivaje izquierda-derecha constituía  la escisión predominante del campo político. Generalmente los sectores proletarios votaban o inclinaban sus preferencias a los partidos comunistas o socialdemócratas y la burguesía y clases medias altas a partidos conservadores.

En el caso argentino el eje de escisión fue menos definido en términos de clase, puesto que la experiencia peronista fue policlasista y  anclado en un proyecto de soberanía estatal y liberación nacional. De todas maneras,  el clivaje se ordenó en torno a la escisión peronismo-antiperonismo. Donde el primero contaba con apoyo electoral de los trabajadores y el Radicalismo con la anuencia de las clases medias.

Simultáneamente los intereses de la oligarquía y la alta burguesía,  no pudieron constituir un partido de derecha con viabilidad electoral, apelaban a los golpes de estado militar para imponer sus intereses (Edgardo  Mocca).

En la década del ‘60 y ‘70 -especialmente con la llegada de la  globalización, las nuevas tecnologías y el predominio de los medios masivos  de comunicación- los lazos de representación se modifican, sufren al decir del politólogo Bernad Manin una metamorfosis. Se privilegia la imagen de los candidatos, el slogan a través de las campañas publicitarias de televisión, se desideologizan las propuestas partidarias, aparecen los denominados partidos “atrapa todo”, al tiempo que la subjetividad o conciencia de  clases se diluye y es reemplaza por la denominada opinión pública.

Las nuevas clases media, surgidas al calor del Estado de Bienestar en Europa y de la sociedad de consumo, difuminan la división de clases. Los patrones de consumo y los valores individualistas de la burguesía son asumidos como propios por parte de los sectores subalternos al tiempo que se debilitan los ideales revolucionarios.

En este escenario, los partidos políticos desideologizan sus posturas con el propósito de captar  el denominado “electorado independiente”,  orientando sus propuestas hacia el “centro” donde los medios de comunicación asumen un rol determinante.

En Argentina la cultura política basada en la “alternancia” entre militarismo y el movimientismo tenía particularidades propias, diferenciada de la cultura clasista de los países centrales, aunque la efervescencia ideológica y política se mantuvo e incluso se intensificó en los ‘70 con el regreso de Perón y el pregonado proyecto del socialismo nacional de la  izquierda peronista.

El regreso de la democracia en los ‘80 vino atravesado con la exaltación de las nociones de Estado de Derecho y las libertades individuales,  que cobran importancia tras la noche negra del Proceso. En ese marco se sale de la cultura  movimientista que ocupaba todo el escenario político y se va instalando un formato de sistema de partido con posibilidades de alternancia al estilo de las democracias centrales, en nuestro caso  mediante el bipartidismo radicalismo-peronismo.

Sin embargo, al mismo tiempo que se instauraba incipientemente una democracia de partidos, que en Argentina había estado ausente,  en el mundo los partidos dejaban de ser lo que habían sido en el pasado para adquirir relevancia la denominada democracia de lo público o de “audiencia” analizada por Bernan Manin  en el  citado artículo sobre “La metamorfosis de la representación”.

En nuestro caso también adquiere relevancia el impacto de los medios de comunicación en la política,  la mercadotecnia política, las encuestas y los sondeos de la opinión pública.

El problema que este nuevo formato democrático lejos de constituir una ciudadanía culta y virtuosa que controlara a los poderes, como pensaban los clásicos de la teoría democrática, se transforma en una masa gelatinosa,  volátil, inestable, ecléctica, y de baja intensidad ideológica .

Al respecto, el politólogo Hugo Quiroga señala que “este modelo mediático de la política no favorece precisamente la racionalidad discursiva, ni la racionalización. La idea de un ciudadano autónomo pareciera alejarse”.  Es más, afirma este autor puntano radicado en la Universidad de Rosario: “El votante en una misma elección puede elegir a un candidato de centro-izquierda a nivel nacional con otro de centroderecha a nivel provincial o viceversa”.

O como señalara alguien insospechado de pertenecer al mundo izquierdista crítico anti-sistema, el politólogo liberal Giovani Sartori: “la televisión transforma la noticia en entretenimiento y la información en espectáculo, contribuyendo a la producción de una visión cínica y espectacularizada de la política. En las democracias contemporáneas la opinión pública no es autónoma sino teledirigida”.

La consolidación de la hegemonía neoliberal en los `90 que colabora con una cultura política apática, hedonista e individualista acentúa y lleva al clímax esta metamorfosis de la representación. Señalaba en esos años  el sociólogo  de la FLACSO, Daniel García Delgado: “La gente cada vez espera menos de la política y se orienta hacia el mercado, lugar donde se decide si “va a salvarse” o no. Si la política estuvo en el pasado dominada por las nociones de clase y nación, esta pierde ahora esta determinación”.

De este modo, en un  escenario donde adquiere predominancia el marketing político, los sondeos de opinión, las encuestas y la personalización de la política por sobre los programas partidarios, el voto depende cada vez más de la “oferta política” o el clivaje estipulado por el candidato antes que un alineamiento de clases o social automático. En este marco el modelo militante entra en crisis porque ya no agrega poder (Daniel García Delgado).

Sin embargo, en paralelo a este horizonte noventista empapado de cierto tratamiento trivial, espectacularizado y banal de la política, se configura el surgimiento de voces contra-hegemónicas de los expulsados  del mundo del trabajo por las políticas de “ajuste”.

Los denominados movimientos sociales “piqueteros” tratan,  rescatan  la política  en los viejos lenguajes militantes, en torno a valores como la igualdad  social, la recuperación del Estado, la re-significación de la soberanía  frente a los poderes fácticos externos e internos,  la regulación del mercado.

Tras la crisis de representación e ingobernabilidad del 2001, donde los dirigentes son percibidos por  la sociedad como una casta privilegiada, autonomizada de los problemas sociales  (Quiroga Hugo), el frágil  sistema bipartidario  se desarticula en múltiples candidaturas. De esta forma se  agudiza  el surgimiento de  candidatos “intinerantes”, que surfean al calor de la agenda mediática, donde los partidos aparecen más como un “sello de goma”. (No está de más decir  que un ejemplo prototípico del político nómade es el de Elisa Carrio quien cortó con el Radicalismo para conformar  ARI, la Coalición Cívica posteriormente, luego la Alianza Faunen,  para terminar  en las filas macristas).

Por otra parte,  a partir del año 2003 se relegitima la autoridad presidencial  ya que el nuevo presidente Néstor Kirchner toma nota las demandas ideologizadas de movimientos sociales y sectores medios progres y las refleja  en políticas estatales.

El kirchnerismo implica en este sentido un intento de recuperación de la política en clave ideologizada y militante, como en el modelo anterior, esta vez en torno del clivaje neoliberalismo y antineoliberalismo, donde en el primero se hallan los intereses de las elites económicas, corporativas y políticas y en el segundo los intereses del pueblo.

En este sentido el K intenta reordenar el mapa político en torno a los proyectos de transversabilidad o concertación plural a partir de configurar una constelación centro-izquierdista por fuera del PJ.

Si bien el clivaje o la oferta electoral del kirchnerismo en torno a los ítems estado-mercado o política vs corporaciones, autoritarismo vs derechos humanos, anclado en la recuperación económica y cierto bienestar material en los sectores populares el kirchnerismo, logra altos índices de aprobación en la opinión pública, ésta, sabemos,  no es sólida  y se caracteriza por una morfología gaseosa y voluble.

El kirchnerismo, en su alianza circunstancial y táctica con los pulpos mediáticos, logra la anuencia de porciones significativas de esta  ciudadanía  fluctuante o de baja intensidad ideológica, quizás necesarias tras una legitimidad electoral de origen recortada del 22%, pero ante el conflicto con el establishment agro-mediático, el apoyo de la opinión pública se desploma como un castillo de arena.

El kirchnerimo no logra imponer en la sociedad una escisión propia de la cultura movimientista  como  la de pueblo-oligarquía durante el conflicto agrario y la anuencia de una opinión pública voluble y vaporosa que le había sido afín hasta ese momentos se desploma para migrar hacia otros candidatos electorales dotados de una cultura política más light, propia de la herencia cultual neoliberal o del formato democrático de lo “publico”, en  términos de Bernar Manin.

Esto se verá reflejado en la derrota electoral del propio Néstor Kirchner en un bastión  del peronismo, como es la provincia de Buenos Aires. El triunfo se alza  en manos de un candidato timorato como Francisco de Narvaez quien constituye  su campo electoral en torno a problemas que tiene “la gente”, sobredimensionados por los medios de comunicación antes que en proyectos ideologizados o relatos ideologizados de país.

No obstante el kirchnerismo, esquivando toda sugerencia conservadora de aggiornarse  para encajar en esta “democracia de audiencias inestable”, prefiere abandonar todo posibilismo. Entonces, dotado de un espíritu audaz y transgresor profundiza el camino progresista o izquierdista con medidas tales como  asignación universal, por hijo, ley de medios,  estatización AFJP  y Aerolíneas.

El kirchnerismo busca plasmar una cultura política donde, a contramano de la cultura dominante  de esta época posmoderna,  las ideas primen sobre las fugases imágenes, los programas sobre el marketing y la militancia colectiva predomine sobre el electorado fugaz y golondrina.

El kirchnerismo, como cultura política,  implica un repolitización y reideologización de sectores significativos de la sociedad especialmente en sus segmentos más jóvenes. No obstante ha resultado insuficiente.

Paradójicamente de cara a las elecciones  del 2015, los candidatos con mejores intención de votos son los que modulan una intensidad ideológica más moderada tales como Massa, Insaurralde,   el mismo Scioli al interior del Frente por la Victoria, más propia de la democracia pública o noventista.

Como los define el politólogo José Natanson, director del Lemonde Diplomatique, son políticos commodity. “Maestros en el arte de eludir definiciones fuertes, los políticos-commodity pueden, como Scioli, visitar el stand de Clarín el sábado y homenajear a Zaffaroni el miércoles, prometen, como Massa, cambiar lo malo dejando lo bueno, o directamente dudan entre jugar de un lado o del otro, como Insaurralde. Si los drones difuminan la línea que separa la guerra de la paz, ellos sobrevuelan con asombrosa agilidad la frontera entre gobierno y oposición que el kirchnerismo tanto se esfuerza en subrayar”.



Así, el coctel formado con la preeminencia, en las encuestas de opinión, de candidatos  “indefinidos” de cara a las elecciones presidenciales 2015, con  poderes mediáticos agudizando una campaña deslegitimadora del elenco kirchnerista gobernante, con la configuración de los conocidos “climas destituyentes”, la continuidad de la cultura k con un candidato del “palo” parece una empresa complicada.

El kirchnerismo se halla ante un dilema de difícil resolución. Si decide presentarse con un candidato moderado como Daniel Scioli, corre el riesgo de perder identidad y auto-limitarse en las transformaciones políticas culturales y sociales, al tiempo que no tiene garantizado el triunfo electoral. Si decide presentarse con un candidato propio, puede llevar a un cisma con parte del peronismo tradicional y conservador que apoya a Scioli, espantar al electorado “indeciso” hacia fórmulas o candidatos aparentemente “suaves” -que prometen continuar con lo bueno, pero evitar lo malo- y finalmente salir derrotado.

Para entender este dilema tal vez no sea descabellado apelar  a un viejo debate entre Juan Domingo Perón y su delegado John William Cooke, en Argentina durante la proscripción del peronismo en los ‘60. Cooke le demandaba a Perón la configuración de un peronismo compacto en términos ideológicos, nutrido de los cuadros más combativos, depurando del mismo a los elementos oportunistas, acomodaticios, adulones, burócratas  para evitar que el peronismo continuara siendo “un gigante invertebrado” y se consolidara como “el hecho maldito del país burgués”.  A lo que Perón le responde desde Madrid, “si voy sólo con los buenos, llego con muy pocos”.

Más allá de esta respuesta cargado de posibilismo del propio líder histórico del peronismo, la experiencia reciente indica que en  estos años   han sido  en los momentos débiles   donde el  kirchnerismo   dobla la apuesta y  muestra su carga más transgresora. Tal vez esta no sea la excepción.

Biografía Consultada

-Natanson Jose ,“Chocolate laxante” 1 de febrero, 2015, Pagina /12.

-Delgado Garcia Daniel,  “Estado y Sociedad” , 1994, Norma, Flacso, Bs As.

-Pousadela Inés, “Que se vayan todos, enigmas de la representación política”. Claves para todos, enigmas de la representación política, Capital Intelectual, 2006

-Mocca Edgardo, “Clivajes y actores políticos en la Argentina Democrática”, Revista Debates, 2009.

-Galasso Norberto, “Los hombre que reescribieron  la historia”, Punto de Encuentro, 2010.

-Manin Bernad, “La Metamorfosis de la Representación” en M. Dos Santos, comp ¿Qué queda de la Representación Política?, CLACSO, Nueva Sociedad, 1991

-Held David, “Modelos de Democracia”, México,Alianza 1992.

-Quiroga Hugo, “La República Desolada”, Edhasa, 2010

-Quiroga Hugo y Tcach Cesar (comp), “Argentina 1976-2006. Entre la sombra de la dictadura y el futuro de la democracia”, Homo Sapiens, 2006.