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viernes, 18 de diciembre de 2015

¡MACRI, DEVALÚAME QUE ME GUSTA!



Surrealista diría un compañero, que Macri sea presidente es surrealista.
Según dicen ciertas encuestadoras, buena parte de la opinión pública aún está esperanzada con el nuevo gobierno y justifica las primeras medidas de “austeridad” del flamante presidente  como un paso necesario, una transición por el “desastre” que dejó Cristina, como condición para salir adelante.

En este caso se estaría reemplazando y justificando  el histórico  hay que “pasar el invierno” del ultra liberal  don  Álvaro Alsogaray, por el “hay que pasar el verano (y el otoño también)”,  dado que se pide un lapso de 6 meses para normalizar la situación.

¡Mirá que bien, que paciencia, que solidarios!  Justificamos la devaluación, el salto inflacionario, la transferencia de plusvalía desde los asalariados a los grandes exportadores, el fin de las retenciones como una “Necesidad”.
¡Mira vos que altruistas resultamos ser con la gran burguesía exportadora!
Somos capaces de ver machacados, licuados nuestros ingresos con tal de justificar la “revolución de la alegría”.

Te voy a decir la verdad, en lo más íntimo coincido con Macri. Me encanta que afecte al consumo de sectores medios que los votó y me gustaría mayor brutalidad aún.
Que este verano en lugar de hacer turismo internacional como te acostumbraste en estos años, llegues a las Achiras o a Potrero.

Que estas fiestas no puedas cambiar el “celu” y te olvides de cambiar el 0KM por varios años.
Pero  después reflexiono y un poco se me pasa. Caigo  en cuenta que a quienes más le pega la devaluación por el aumento de los alimentos es a los sectores vulnerables, quienes cobran asignaciones, “choriplaneros”,  dirías vos. Y caigo en cuenta obvio que me pega a mi bolsillo también.

Ahora, ¿Macri, lo del campo no es mucho? Heee!!! Le devaluaste un 40%, le sacás las retenciones. ¿No es mucho?
Si los vas a beneficiar, porque necesitas que liquiden sus dólares, con una devaluación no les saqués las retenciones o al revés. Esos ingresos que pierde  el Estado, ¿quién los va a bancar ahora?
La medida es histórica. Estos quieren volver al modelo agroexportador del siglo XIX. No se disfracen  de desarrollistas.

Estuve revisando los procesos económicos contemporáneos y ni los golpes militares se animaban a tanto.
Estos impactaban el ingreso del sector popular mediante golpes devaluatorios, pero no le dejaban toda la torta al “campo” sino que captaban parte del excedente mediante retenciones para planes de infraestructura.

Igual Mauricio, no podemos decir que tu programa sea una “estafa”. Estás cumpliendo casi al detalle los tópicos de promesas que tus economistas estrellas señalaban en plena campaña preelectoral.

La verdad es una experiencia única, que alguien me aclare sino, que alguien me diga. Pero no debe haber precedente local ni incluso mundial que los equipos técnicos de un candidato presidencial digan que te la van a poner, ¡¡¡y el tipo gane!!

Esto, me dirán, es una chicana ultra-K, hay que tener confianza, hay que tener fe que en unos meses la cosa va a mejorar. Por eso,  Mauricio  te digo: “¡Ponemela que me gusta,  devaluame que me encanta!”.









viernes, 19 de junio de 2015

SCIOLI-ZANNINI: LA FORMULA DEL EMPATE


Los analistas y editorialistas de los medios hegemónicos estallaron de ira al conocer la noticia que el "Chino" Carlos Zannini,  quien tal vez sea el número tres del kirchnerismo, después de Cristina y Néstor,  ocuparía la candidatura a la vicepresidencia, acompañando al ex motonauta  Daniel Scioli.

Imaginaban el “fin de ciclo” kirchnerista  con la imposibilidad constitucional de reelección de Cristina y con un Scioli  presidente permeable a sus designios e intereses,  y se encuentran con que Cristina pone una “marca personal” en el ejecutivo  para defender el proyecto.

Al tiempo que han demonizado a Zannini por ser el colaborador más cercano en la redacción de las leyes que los afectan, -ley de medios, democratización de la justicia, entre otras-  idolatran  al actual Ministro de Transporte Florencio   Randazzo por su “gesto de dignidad” al bajarse de la pre-candidatura presidencial y negarse a ocupar la candidatura a la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Por otra parte, desde la militancia más fidedigna al kirchnerimo se mastica con algo de desazón la confirmación,  por parte del gobierno, de Scioli. Es un candidato, se sabe, que no despierta mayores entusiasmos o fervores dotados de épicas con horizontes transformadores. No es casualidad, en este sentido, que Cristina se apure a transformar en  ley el decreto que propulsó la Asignación Universal por Hijo antes que finalice su mandato.

Lo cierto es que, a estas alturas de la campaña, a Cristina no le quedaba otra alternativa de hacer lo que hizo si quería evitar quedar pegada a una probable derrota de Randazzo en las Paso, frente Scioli y a la derecha macrista.

Es verídico que no fue el mejor modo de comunicar la decisión. Randazzo no se merecía, especialmente por el empeño demostrado en los lugares que le tocó gestionar, enterarse por  televisión y de un sopapo de la  “buena  nueva".

Igualmente, ni Scioli ni Randazzo eran del paladar negro kirchnerista, aunque este último haya logrado cierta anuencia o simpatía de parte de  la militancia K por la radicalización de su discurso.

Cristina no pudo, no supo, o no quiso en todo este tiempo construir un candidato del “palo” kirchnerista como, por ejemplo, hizo   Lula con  Dilma  en Brasil. Esta última era una casi ignota desconocida en la sociedad brasilera antes que fuera bendecida por el líder del PT. Aunque también es verdad que el país vecino carece de un  poderoso aparato partidario conservador  similar al justicialista con el que se tenga que  verse  obligado negociar.

Las encuestas, desde hace ya un tiempo prolongado, le daban la pole posición a un candidato moderado como Scioli en las filas oficialistas.

La sociedad parece pedir moderación luego de las conquistas logradas y Cristina leyó eso.
Además, a contraposición de lo que diagnostican la mayoría de los medios opositores, Cristina no es una presidenta super-poderosa y dictatorial que lo decide todo sola.

La candidatura presidencial de Scioli por el Frente por la Victoria, alguien resistido desde siempre por parte de los kirchneristas ideoligizados, pero que cuenta con la anuencia de la liga de gobernadores pejotistas e intendentes conservadores, es reflejo de una relativa  debilidad presidencial  que refuta la tesis de absoluto poderío en el ejecutivo actual.

La fórmula de “unidad peronista” está basada en una especie de “empate hegemónico” entre pejotismo tradicional y las nuevas fuerzas progres del kirchnerimo.

Para el filósofo Ricardo Forster, se trata de un “equilibrio interesante”. Puede ser o no.

En política es una empresa complicada hacer futurología, por lo contingente y cambiante de las relaciones sociales, políticas, culturales y económicas que la nutren. Veremos  que acontece, porque a diferencia de lo que prevé el reconocido intelectual, también está la posibilidad de consumar un “equilibrio in-movilizante”. 
Es decir, que el futuro gobierno, en el mejor de los casos de no quebrarse el “delicado equilibrio”, no retroceda en lo hecho, pero no avance, sino que configure una  especie de  administración de lo logrado. 

lunes, 13 de mayo de 2013

¿QUÉ HAY DETRAS DE LA RE-REELECCIÓN DE CRISTINA?(2013)


Las  clases dominantes revisten sus discursos de un ropaje republicano-progresista para oponerse a  la posibilidad de la reelección presidencial de  Cristina Fernández, cuando en realidad ocultan la defensa acérrima de sus intereses y privilegios.
Los medios hegemónicos de comunicación buscan naturalizar en el imaginario social, incluso en quienes simpatizan con el gobierno, una concepción peyorativa per se de la reelección presidencial.
Buscan satanizar, en el sentido común de las mayorías, la reelección del ejecutivo como una violación ultrajante de las instituciones democráticas. Cuando en verdad la posibilidad de revalidar la máxima magistratura  queda invalidada, ante la presencia de una gestión que les ha  resultado como mínimo incomodo  a sus concepciones conservadoras.

Se omite que las clases dominantes  hace más de un siglo  poseen en las sombras, sigilosamente reelección indefinida mientras disponen, condicionan o directamente remueven gobiernos institucionales.
La virulencia y la vulgata discursiva republicana que utilizan para generar “estados de opinión”, ante el menor atisbo de una reforma constitucional, refleja el terror que les genera la posibilidad de  prolongación de la experiencia populista en el gobierno, de la “zurda” en el poder.
Evitar la reelección presidencial es el objetivo central del establishment mediático para evitar la prolongación en el tiempo de este proyecto democratizador e inclusivo surgido de las entrañas de la crisis 2001-2003.  

Sueñan, visto la inutilidad, lo vil  que ha resultado la empresa de  construcción de liderazgos desde las huestes partidarias opositoras, apelar a figuras conservadoras de la propia coalición oficialista. Daniel Scioli es el candidato, es su candidato.  Es la última carta, es el as en que confían para evitar la continuidad del “zurdaje” en el gobierno.

Si esa es la finalidad que oculta  la corporación mediática y el complejo agro-sojero  y la derecha más rancia detrás de las estratagemas discursivos republicanos anti-reeleccionistas, más ambiguos son las percepciones del gran capital financiero e industrial. Estos, después de comprobar que el   “zurdaje” en el gobierno ha garantizado fabulosas ganancias, “pingües negocios” y gobernabilidad, dudan acerca de que postura tomar con la propuesta de una reelección presidencial.
Si bien por un lado han visto saciada su glotonería lucrativa en estos años de estabilidad social  que los conduciría a tener una actitud más contemplativa de un proyecto reeleccionario de Cristina Fernandez, por otro lado han observado las nacionalizaciones, participación del Estado en las direcciones de empresas, enfrentamiento con corporaciones. Controles “intempestivos” del gobierno que les genera cierta “incertidumbre ” para apoyar la continuidad del oficialismo ya sea encarnado en la figura de Cristina o de un cuadro del cristinismo. 

Con el populismo “nunca se sabe”, “para qué arriesgar” si existe una alternativa que otorga mayor seguridad, menor “crispación”. Scioli les viene bien.
Por otro parte, desde el campo ideológicamente más puro del kirchnerismo la candidatura presidencial de Scioli, si la empresa reeleccionista quedara clueca, suena a clausura por derecha del actual proceso transformador, por lo que las expectativas de que un triunfo aplastante del oficialismo en las legislatura de este año permita conseguir mayorías para una reforma de la carta magna está al orden del día.
Sería un fracaso ideológico-cultural para el kirchnerimo del “palo” si alguna variante conservadora del PJ reemplaza el liderazgo de Cristina.

La ausencia de una figura taquillera químicamente K después de Cristina, si esta viera limitada su continuidad en el cargo en las encuestas políticas nacionales, demuestra cierta debilidad en el kirchnerismo como proyecto. Debilidad que tal vez encuentre explicación en factores sociales exógenos estructurales propios de la cultura política  de las últimas décadas más que en omisiones u errores del campo oficialista.

Hay que reconocer que el kirchnerismo ha implicado, tras el reinado de la apatía política y el ultra-individualismo de los noventa, un proceso re-politizador  de porciones significativas de la sociedad, sobre todo en sus segmentos más jóvenes. De allí la impotencia que puede suscitar en sectores intelectuales afines al gobierno cierta indistinción o  nebulosa desideologizada por parte de una ciudadanía volátil limitada para captar las diferencias o brechas ideológicas en el partido del gobierno. Esto se refleja en que Scioli, como exponente del conservadurismo peronista, secunda a Cristina en las preferencias del electorado. Y después de Daniel Scioli seguiría Maza en las preferencias. ¡Sergio Maza. Un dirigente de la Ucede!

Esta cultura política etérea o  indefinida  de la ciudadanía, no es un rasgo que sólo aqueja  a  la sociedad argentina. Es prácticamente un consenso  en la sociología política moderna hallar explicación  a este fenómeno en los efectos culturales causados por el neoliberalismo en toda América Latina y también en el mundo. En este sentido, entonces la herencia neoliberal ha difuminado o disuelto los antagonismos de clase, tipo burguesía-proletariado o pueblo-oligarquía en una ciudadanía gaseosa consumidora de imágenes atravesadas por la mercadotecnia política antes que por programas nítidamente diferenciados.

Las virtudes re-politizadoras del kirchnerismo tal vez no hayan logrado aun, reparar semejante “herencia” en la profundidad deseada a pesar de la denominada “batalla cultural” que implicado el enfrentamiento con los medios de comunicación hegemónicos. A esto deberíamos agregar el carácter tradicionalmente ambiguo de un  peronismo que ha oscilado de izquierda a derecha según las circunstancias y el  fomento de   un estilo de vida basado en el consumo  desde el actual gobierno -que bienvenido ha sido al recuperar la capacidad adquisitiva de los sectores populares-; pero, paradójicamente modera el proceso de re-socialización política inaugurado por el  propio kirchnerismo.