jueves, 29 de junio de 2017

LA NUEVA TIJERA DEL AJUSTE DE CAMBIEMOS




 (En un contexto de auto-atamiento al poder financiero)

El titular de un artículo del diario para-oficialista Clarín pregunta de modo sugerente “Por dónde pasará la tijera del ajuste”(09/6/2017).

Posteriormente el desarrollo de dicho artículo señala:

 “Este año, el 56% del gasto público serán las prestaciones de la ANSeS (jubilaciones, AUH, pensiones) y el PAMI”, para completar:
  
“A eso hay que sumar otro rubro de gasto que también tiene una alta inflexibilidad, los salarios públicos. Sumando los sueldos de los empleados estatales más las universidades, representan el 17% del gasto”.

Jubilaciones más sueldos estatales son el 73% del gasto.
Subsidios a servicios esenciales y obra pública, el resto.

 La idea que complementa dicho artículo es cerrar el déficit público este año apenas por encima del 4%.

Una forma clásica de disminuir el déficit fiscal es devaluar la moneda nacional frente al dólar aplicando retenciones a las exportaciones de los comodities, de esta manera se vería beneficiado el sector exportador pero también el fisco con los ingresos extras de tal medida (1).
  
A su vez, esta medida estimularía al “campo” a liquidar la cosecha que tiene incauta esperando una devaluación  pasadas las elecciones de octubre.
  
Una devaluación está dentro de los deseos de la burguesía agraria, la industria exportadora y las mineras, pero suscita rechazo en estos sectores la reedición de retenciones que afectan sus rentas extraordinarias; y en este sentido específico coincide el gobierno que considera pertinente no aumentar la carga impositiva a segmentos de la economía  que percibe dinamizadores del crecimiento, de las inversiones y por efecto derrame de la generación de empleo.

Aunque  en la realidad concreta, como ha sucedido en este año y medio (con eliminación de retenciones a segmentos del agro y minería),  ese efecto  de “derrame” viene siendo limitado y reducido a algunas áreas rurales o semiurbanas con escaso beneficios para los trabajadores y barriadas populares de las grandes áreas metropolitanas.

El gobierno podría devaluar a secas, sin reeditar las retenciones y conseguir mayor capacidad recaudatoria por el 30% que  cobra actualmente a la soja -"herencia" de la gestión anterior-, a la vez que ajustaría de modo no nominal los salarios achicando los costos laborales.

Sin embargo,  es poco probable que Cambiemos, aún después de las elecciones, tome el sendero de ajuste macrodevaluatorio, no por piedad hacia los ingresos populares sino porque  ha ingresado a un esquema de  dependencia estricta con el establishment financiero.

Veamos:
  
El macrismo después del sablazo del 60% inicial a la moneda nacional, apenas iniciado su gestión, ha ido autolimitando su capacidad de controlar la política cambiaria por el feroz endeudamiento en lebacs a altas tasas de interés.

Renovar  las lebacs implica garantizarle al capital financiero cierta estabilidad en el valor de la divisa norteamericana.

Es sabido, los “inversores” en lebacs son capitales financieros volátiles, golondrinas que de avizorar un escenario devaluatorio podrían no renovar sus bonos y generar una huida masiva hacia el dólar, vaciando las reservas del Banco Central de un suspiro.

Esto  generaría, sin temor a exagerar,  una especie de “golpe de mercado”  indigerible para conservar la gobernabilidad.

Se trata de una verdadera bomba financiera en la que se metió el propio gobierno mediante un  fácil y descomunal endeudamiento.

Así, sin control de la política cambiaria, porque ahora el poder financiero decide el valor de la moneda, es el mismo poder financiero el que define las características del ajuste a realizar.

Y el recorte para intentar menguar el déficit fiscal y tener capacidad de pago para cubrir el endeudamiento pasa estrictamente por la reducción del gasto público,  como señala el artículo de Clarín.

De allí la intransigencia del gobierno a no ceder más del 20% de aumentos a docentes, personal público y jubilados  a pesar que se avizora una inflación que rondará entre 25%- 30% este año, por lo que los asalariados perderían nuevamente frente al aumento de precios como en el 2016, año en el que se cerraron paritarias del 34%,  con inflación del 42% (2).

Lo dicho, explicaría en parte, la brutalidad de recortar incluso pensiones de discapacidad, en tanto no se descarta un escenario, luego del octubre electoral, de “reformas” al sistema jubilatorio (desde la prolongación en los años de actividad laboral, hasta el regreso de la gestión privada),  al mismo tiempo que, conjuntamente con paritarias estatales a la baja se  incrementen los recortes de subsidios a servicios esenciales, como la  luz, el agua.

Ajustes necesarios, recorte imprescindibles en la percepción de Cambiemos, que demuestran las pleitesías y la dependencia, de la actual gestión, al poder financiero local e internacional.  



(1)Recordemos que la duplicación, al menos, o incremento del déficit público ha sido, en el primer año y medio, producto de ineficiente manejo macroeconómico del PRO, que además de perder capacidad recaudatoria con la eliminación o reducción de las retenciones a las exportaciones, perdió capacidad recaudatoria  producto de sumergir al país en una recesión provocada por la caída de la demanda agregada y el consumo.

Recesión o caída en el nivel de actividad que en los últimos meses parece haber tocado algún piso, pero con “rebotes” breves, que no alcanzan para pronosticar un crecimiento perdurable en el tiempo.

(2) Estos números promedio del 34% de paritarias del 2016 pertenecen a los trabajadores del sector público y a los registrados en la actividad privada. Mucha peor  suerte  les tocó a los trabajadores  informales o en “negro”.

lunes, 12 de diciembre de 2016

UN AÑO DE INDI-GESTIÓN ECONÓMICA DEL PRO (Y LAS DIFERENCIAS EN EL BLOQUE DOMINANTE)



Hay quienes dicen que la gestión económica  de Mauricio Macri tiene un solo objetivo: el despojo y el saqueo de los ingresos de los asalariados conquistados en el periodo precedente.

Se habría configurado un verdadero Estado -Depredador, cuya única función es absorber plusvalía al conjunto de las clases asalariadas y rentabilidades de pymes vinculadas al mercado interno para transferirla a los grandes conglomerados locales e internacionales.  Actores privilegiados del nuevo gobierno quienes dolarizan sus hiper-ganancias exacerbando  la denominada fuga de capitales.

Sin embargo, hay quienes señalan que si bien este diagnóstico, en términos estructurales, es certero, habría que matizarlo, problematizando e identificando diferencias o contradicciones internas hacia el interior del bloque dominante.

Cumplido el año del PRO en el gobierno, el saldo de su gestión económica, lejos del “ocho” con el que se autocalifica el presidente, es mediocre para abajo  en términos de lograr algún indicio de recuperación de las variables económicas.

La actual elite gubernamental, a principios del año, tomó un sendero ortodoxo de mega-ajuste mediante una brutal devaluación, anulación de retenciones agropecuarias, liberalización cambiaria y financiera  con el objetivo de otorgar gestos y señales contundentes a sus pares del establishment para que fueran ellos quienes relanzaran un proceso de inversión y acumulación sostenida en el tiempo en la economía argentina.

Pero esto no ha ocurrido.

Tras un año de gestión, el resultado negativo está a la vista:

Al tiempo que se fogoneó la inflación, se sumergió a la economía en una recesión que no tiene piso, con el consiguiente aumento de la desocupación y el agravante del incremento del déficit fiscal, no tanto porque haya aumentado el gasto público sino porque se desplomó la recaudación producto de la recesión inducida por el propio oficialismo.

Esto conduce a la Ceocracia gobernante a:
1          
      1) Consumar ajustes feroces en áreas sensibles para el desarrollo, como lo son Ciencia y Tecnología.
2    
      2) Posponer o paralizar la ejecución de la obra pública.
3   
      3) Impedir  que se elimine o reduzca el denominado impuesto a las ganancias, cuyo universo de asalariados afectado  a esta obligación impositiva hoy más que duplica al afectado durante el gobierno kirchnerista.

Todo esto en función de que las cuentas oficiales no  terminen en un descalabro.

En este escenario complicado y vidrioso, el presidente Mauricio Macri ha organizado eventos mega-empresariales, congresos, minidavos, foros, a lo largo del año, convocando a sus amigos del “mundo de los negocios” a convertirse en punta de lanza del crecimiento argentino. Les recuerda que ha resuelto muchas de las trabas que les imponía el kirchnerismo, un exceso de regulaciones  y “cepos”, por lo que estarían dadas las condiciones para relanzar la inversión.

¿Respuesta del “círculo rojo” en términos de inversión  a lo largo del año?

 Poquito y nada.

Salvo algún sector de la oligarquía agraria que se  lanzó a la compra de camionetas 4x4 o de insumos y maquinarias, el resto no muestra el espíritu empresarial e innovador que le correspondería como líderes de la sociedad capitalista que tan bien describió el clásico sociólogo alemán Max Weber, para sus homónimos en ciertos países del centro.

Al revés, como se dijo, se trata de una clase parasitaria y rentista  que absorbe plusvalía de los sectores subalternos o de los plazos fijos de sus ahorristas en el caso de la Banca, los transfiere a la bicicleta financiera que le garantiza altos rendimiento en los Lebacs del Banco Central y los “fugan”.

Demás está decir que esto es posible porque cuentan con la colaboración de un gobierno que  ha premiado claramente la especulación financiera por sobre la inversión productiva.

El problema, y aquí surgen a todas luces ciertas contradicciones o diferencias en el bloque dominante (como señala la segunda posición), es que:

Mientras las cúspides de las clases propietarias (en el sector privado local y extranjero) amasan las fortunas gracias a las “reformas” implementadas por su clase política (intelectuales orgánicos),  sin brindar  atisbos de actitud proactiva inversora como respuesta que contribuya al crecimiento económico, la dirigencia política del PRO debe ganar las elecciones del año entrante o  al menos hacer un decoroso papel que no le licue la legitimidad de cara a lo que le resta de mandato.

Percibiendo que no  aparecen los famosos “brotes verdes” esperados para este segundo semestre, que la gran burguesía no sale del letargo, el presidente Mauricio Macri se ve obligado a aumentar el gasto social a los sectores más vulnerables que representan los movimientos sociales, para que la “cuestión social” no le explote o se salga de la vaina a fin de año.

Esta situación ha llevado incluso a que miembros relevantes del oficialismo, como el jefe de la bancada de la cámara de diputados recomendara al mandatario presidencial sumar dirigentes peronistas con alguna visión más heterodoxa a la gestión del PRO.

En tanto, Macri sigue justificando, repitiendo y machacando  que estos resultados de empeoramiento de los indicadores económicos y sociales son producto de la “maldita herencia” y que sus políticas si bien implican “sacrificios” no eran sino los únicos posibles para resolver los problemas, para “sincerarlos”.

Es cierto que  el legado  del gobierno anterior  (a todas luces con un balance positivo en la mayoría de las variables laborales, salariales y sociales) tenía ciertos desequilibrios vinculados al clásico problema de “restricción externa” o “cuello de botella”, que no es otra cosa que la insuficiencia de divisas para proseguir un crecimiento económico perdurable dada la necesidad de las mismas para cubrir el importante componente importado.

Pero las soluciones del Pro no eran, ni de lejos las únicas posibles.

Aun si discutimos en su propio terreno y aceptando sus propios instrumentos de política económica, estas podrían haber sido aplicadas de manera tal que se minimizaran los costos sociales y económicos.

Ejemplo: Una vez consumado el pago a los “fondos buitres”, que el kirchnerismo no arreglaba porque no le daba el “estomago ideológico”, un acceso  regulado al mercado financiero por un lado, sin liberar totalmente la venta de divisas por el otro, le hubiera permitido fortalecer las reservas del Banco Central, (evitando, de paso, caer en la ruleta financiera de las usurarias tasa de interés de las Lebacs que premia al capital “golondrina”). Reservas fortalecidas complementadas con graduales modificaciones al tipo de cambio hubieran estimulado a liquidar sus granos al sector exportador, puesto que habría alejado las expectativas de una brusca devaluación (que los beneficiara) al tiempo que otorgara competitividad a economías regionales.

Estas modificaciones, aun problematizando en su campo ortodoxo, hubiera evitado desplomar el mercado interno en un cuadro recesivo, al tiempo que alegaba el horizonte de restricción externa que obstaculiza el crecimiento económico  propiciando un escenario más favorable para fortalecer o al menos conservar  el auge económico heredado.

Recordemos que  durante el último año del gobierno de Cristina Fernández con  Axel Kicillof en el Ministerio de Hacienda, la economía creció un 2,7 por ciento según los mismísimos datos del Indec actual de Jorge Todesca. Un número nada despreciable en un contexto regional y mundial recesivo.

Sin embargo, el macrismo eligió una actitud de sobreactuación para beneficiar a sus amigos de la City y refundar una nueva “Era pos-populista”. Al tiempo que le pegó un sablazo a los ingresos populares  congratuló a la Banca y al capital “golondrina” con intereses usurarios.

La macro-devaluación, el  hiper-endeudamiento, la  quita de retenciones, el tarifazo y la apertura comercial han sumergido a la economía argentina en una estanflación, la peor combinación de recesión más inflación con el consiguiente incremento del paro.

 Estanflación que  a esta altura del año seguramente dirigentes y militantes del PRO no esperaban. O al menos esperaban ver más cerca las luces de la salida del túnel, en la metáfora usada en los medios de comunicación hegemónicos por su vicepresidenta  para explicar la salida de la “crisis”.

















miércoles, 5 de octubre de 2016

UN PARO QUE SE DILATA: ¿LA INCOMPRENSIBLE POSTURA DE LA CGT?



A estas alturas del gobierno de Mauricio Macri la actitud moderada y conciliadora de la cúpula de la CGT, dilatando el paro general resulta, a primera vista, incomprensible tras 10 meses de saqueo y trasferencia de recursos desde los asalariados a los sectores concentrados vía devaluación, despidos, endeudamiento y fuga de capitales.

Quizás en los primeros meses de gestión del PRO podía resultar razonable, lógica una postura prudente, “responsable” ante el temor de quedar en orsay, “descolocados” frente a una opinión publica expectante por el nuevo gobierno.
 Hoy, con la degradación de la situación económica-social y una imagen presidencial en franco declive, a la postura moderada de la CGT es complicado encontrarle justificación.

Mientras la banca transnacional, la oligarquía rural y las mineras fueron rápidamente hiper-beneficiadas con la devaluación y eliminación de retenciones (atendidas velozmente sus demandas), el costo de semejante ajuste cayó sobre los asalariados formales e informales, jubilados y beneficiarios de planes sociales quedando sus ingresos al menos 10 puntos por debajo de la inflación anual.

En ese escenario de transferencia de recursos a los sectores dominantes la espera, la paciente vigilia de la CGT de un bono a fin de año y una rebaja en el impuesto a las ganancias en el aguinaldo resulta hasta irónicamente risueña para el universo de los laburantes.

Unas de las razones, que se esgrimen para intentar comprender esta actitud moderada por parte de la cúpula sindical, se hallarían en la devolución del manejo de las obras sociales a los gremios.
Quizás pueda ser una de las razones de esta actitud “prudente” de la cúpula cegetista.

“La moderación paga, la polarización no” se debe especular en el razonamiento sindical conciliador.
Sin embargo, esto resulta insuficiente o explica parcialmente el problema.

Sería bueno indagar sobre el diagnostico de fondo entre los gestores del PRO y sectores sindicales sobre la situación general del país.

Si hurgamos en ese diagnóstico nos vamos a encontrar que ambos sectores incluso antes de la llegada de Macri al gobierno, en el instancias preelectorales, coincidían que el ajuste y el  “sinceramiento” de la economía era el horizonte que debía recorrer la nueva gestión que reemplazara al kirchnerismo.

Si esa era y es la percepción de la cúpula sindical sobre la “herencia”, no resulta descabellada entender esta actitud apaciguadora de la CGT en tanto se percibe que los trabajadores deben colaborar en el esfuerzo social hasta que el crecimiento económico se recomponga.

Es cierto, como lo señalan economistas afines al proceso anterior, que tras doce años globales de crecimiento, aumento del consumo popular, Argentina se encontró con el clásico problema de restricción externa o cuello de botella-por la relativa falta de divisas en el Banco Central- para continuar con un auge económico sostenido.

 Eso no justifica que el esfuerzo recaiga exclusivamente sobre asalariados y jubilados esperando que se relance una inversión privada por conglomerados locales y extranjeros beneficiados por una devaluación feroz.

Distinto hubiera sido la aplicación de un programa de racionalización pactado como se experimentado en otras latitudes, dado los límites y las dificultades en un capitalismo periférico para afectar y controlar rentas sin poner en jaque la gobernabilidad social y política (ej la resolución 125, año 2008), en donde los actores más integrados como los trabajadores registrados y de  mejores ingresos o pequeña y mediana burguesía pospongan consumo en tren de colaborar en un fondo de inversión que relance la economía para intentar integrar a asalariados precarizados o informales o mejorar ingresos sociales de los mismos.

Esto hubiera implicado la configuración de un nuevo régimen cambiario que mejorara las arcas del Estado mediante la vigencia de las retenciones e incluso su reactualización en relación del ajuste del tipo de cambio. Las retenciones, a su vez, ayudarían a desconectar los precios externos de los internos limitado el efecto inflacionario sobre sectores vulnerables de la sociedad.

Sin embargo, el gobierno con -hasta ahora la anuencia y coincidencia de la CGT- eligió una transferencia integral del excedente mediante la absorción y el bombeo de recursos del mercado interno a los grandes exportadores y el capital financiero, esperando que sean estos quienes devuelvan las gentilezas mediante la denominada lluvia de inversiones.

El problema es que hasta ahora las inversiones no se producen y el combo de devaluación liberalización cambiaria y endeudamiento solo ha servido para que la oligarquía local e internacional dolaricen sus activos y fuguen sus ganancias extraordinarias.
A este modelo elitista e inviable en términos sociales y económicos es que se viene adecuando la CGT.




domingo, 10 de julio de 2016

LA INEFICIENTE GESTIÓN PRO. (Una macro-economía del despilfarro).

El gobierno amenaza, esperando el fallo de la Corte Suprema, “sino hay aumentos de las tarifas, habrá inflación o más impuestos”.

Rta1)

El fogoneo inflacionario actual  con un interanual del 44%  lo generó el propio oficialismo  con la brutal devaluación, la supresión y disminución  de las retenciones agropecuarias y mineras y el tarifazo.

O quién sino provocó esta espiralización del  proceso inflacionario?.

Hace siete meses que “gestiona” el actual gobierno.

Más inflación piensa generar?...

Rta2)

En relación al aumento impositivo.
Está muy bien, es para aplaudir si el oficialismo vuelve sobre sus pasos y  reactualiza las retenciones a la oligarquía exportadora.

Sin embargo, por el perfil económico ortodoxo que caracteriza a la actual gestión, solicitar que restablezca los impuestos a la exportación sea lo más parecido a una fantasía.
La alternativa segura, que se debe barajar en las alturas del Ministerio de Hacienda,  es  gravar mas al consumo, al bolsillo popular.

En términos de administración, estrictamente en lo concerniente a la gestión del gobierno (más allá de las calamitosas consecuencias sociales por todos conocidos y remarcados, aumento de la pobreza, de la indigencia, despidos, etc) en siete meses ha sido de mediocre o baja calificación, por no decir de una inoperancia llamativa y sideral.

No lo decimos nosotros (por nosotros entiendo el denominado campo “nación y pop”).
Se lo remarcan los consultores y economista de la city asociados ideológicamente con el PRO.

Los dirigentes de la Alianza Cambiemos se quejaban del déficit público heredado y en solo 7 meses lo han, al menos,  duplicado.

Producto de sus medidas recesivas la recaudación cayó a la mitad, mientras ha tenido que conservar gastos públicos destinados a ingresos sociales, para paliar aunque sea parcialmente la vulnerabilidad en los sectores más desprotegidos. Vulnerabilidad por el mismo gobierno agudizada.

El endeudamiento alcanzó, la no desdeñable marca en breve tiempo de 24.000 millones de dólares, y sin embargo las reservas del Banco Central están en el mismo número que cuando las dejó el kirchnerismo.
Es decir no alcanza los 30 mil.

Una parte de ese nuevo financiamiento sirvió para pagar a los “buitres”, otra para financiar el boom de camionetas 4X4 que “necesitaba” el campo y unas migas para las provincias.

Y el  resto?.

Alguien vió el resto?.

Alguien lo usó?.

Después te pasan factura y hay que pagar. 

Ya conocemos la historia.

Al resto, se la fugaron, Y SE LA FUGAN  muchachos…

Las divisas se las están fugando desde que levantaron el control de cambios, el demonizado CEPO.

Libre y alegremente la oligarquía y algún sector medio que aún queda con capacidad de ahorro, desde diciembre que asumió el macrismo,  se llevan las Reservas del Banco Central a sus casas o a “paraísos fiscales”.

Así no!!.

Así no  hay país perdurable, sustentable en el tiempo, en términos de lograr alguna autonomía en el  casino globalizado.

Hay que entender, hay que tomar conciencia  que las Reservas se necesitan para desarrollar un país, mediante la sustitución de importaciones y la diversificación del aparato productivo, no para financiar los deseos caprichosos de los “amantes” del dólar, de los “fanas” de la divisa norteamericana .

No,  así no hay país viable. No hay país posible.

Están generando un “déficit estructural” complicado de revertir en el futuro, bajo una gestión macroeconómica ineficiente y despilfarradora.

Calificativos con les que, paradójicamente, se acusaba y se endilga al “populismo” anterior.
Seguramente muchos de los votantes del oficialismo confiaban y confían,  de buena fe, en las virtudes o supuestas capacidades de gestión de sus dirigentes.

Nombres con experiencia, en negocios exitosos en grandes corporaciones en el sector privado no pueden fallar en la administración de la “cosa pública”.  

“Cambiemos”, “probemos algo nuevo”.

Tipos con formación empresarial  no nos pueden fallar.
No nos puede ir mal.

Si te pueden fallar, si nos puede ir para el horno.

La ilusión de la eficiencia tecnocrática, es eso,  pura ilusión.

Con la técnica sóla no alcanza, es necesaria la política.

Un amigo que voto a Macri me decía “hay que comer arroz dos años, y así podremos salir”…

El problema que los costos transicionales en que piensa el gobierno, o el sacrificio que le pide a porciones importantes de la  población, además de los resultados calamitosos en términos sociales, no redundan en una mejora de de las cuentas públicas, sino, como se ve reflejado, que las empeoran…!!!

Esto ya se percibió en los “dorados”  ’90.

Con endeudamiento y ampliación del déficit fiscal incluso se pueden ganar elecciones pero terminan dejando una bola de nieve que conduce a un derrotero  de ajustes crecientes, inviables en términos de legitimidad política.

Después a no quejarse apelando a  la trillada e histérica postura anti-política, resumida en el que se “vayan todos”, alimentada  y fogoneada por el circo mediático.

Porque los políticos pasan (tarde o temprano pasan) y el poder económico oligárquico siempre queda..

 Ese siempre queda.

viernes, 8 de julio de 2016

DISTANCIAMIENTO DEL MOVIMIENTO EVITA. DIFERENCIAS SOBRE EL FUTURO DEL CAMPO "NACIONAL Y POPULAR"




La constelación Frente por la victoria-peronismo, tras la derrota presidencial, está sufriendo algunos desgranamientos por derecha y por izquierda.
  
Por derecha, senadores y diputados que responden a  gobernadores conservadores, intendentes del conurbano que necesitan una relación fluida con el poder central del PRO para lograr el financiamiento que haga sostenibles y gobernables sus distritos. El denominado peronismo “territorial”. Por izquierda  el reciente alejamiento del Movimiento Evita.

Este se constituyó en un movimiento social de base, antagónico al neoliberalismo durante los ‘90,  luego fue incorporado  a estructuras del Estado en provincia de Bs As en torno a la Secretaria de Agricultura Familiar durante el kirchnerismo en gestión,  y hoy se ven obligados negociar con la actual gobernadora Maria Eugenia Vidal para mantener a flote su armado social y político.

Quizás, ambos sectores, pejotismo y evitismo, solicitaban desde hace  tiempo, la "conduccion" de Cristina para tener un trato "racional" con el oficialismo que incluya  oposición y negociacion.

Sin embargo ese no ha sido el rol que la misma Cristina y el kirchnerismo puro que le  responden en el parlamento y sus organizaciones juveniles han querido asumir.

El kirchnerismo puro prefiere no arriesgarse a negociar las banderas y logros de estos 12 años en aras de un “peronismo unido”, cuyas facciones tienden hacer  “juegos propios” tras una derrota nacional y a tomar distancia de una Cristina demonizada por los medios de comunicación hegemónicos.

La intuición política del pejotismo y también el Movimiento Evita es que la postura “terca” de Cristina y “sectaria” de los kirchneristas puros que la siguen terminen llevando a la experiencia “nacional y popular” a un escenario testimonial y periférico en las próximas elecciones.

Están observando y previendo la posibilidad  de que el regreso del campo “nacional y popular” al gobierno sea más complejo que lo previsto por el kirchnerismo puro.

Temen que, con el regreso al endeudamiento y  alguna dosis de pragmatismo social (ampliación de la asignación por hijo, conservación y actualización de ingresos sociales), esta nueva derecha que, por primera vez en la historia argentina gana una elección sin proscripciones ni fraudes, conforme un nuevo bloque social difícil de derrotar en el corto plazo.

En este sentido la estrategia entonces pasaría por ir hacia un horizonte de reunificación de  las facciones peronistas partidarias y sindicalistas alrededor de un PJ normalizado que por diversos motivos se fueron alejando del kirchnerismo.

Asi desde otra correlación de fuerza (que incluye la autocrítica por la derrota presidencial),  se piensa, se podría enfrentar con algún éxito a la nueva derecha gobernante en futuros comicios.

En ese escenario, el kirchnerismo sería incorporado y convocado pero no como fuerza dominante sino como un actor más en la nueva coalición.

Desde el kirchnerismo puro no pueden ver sino traiciones desde esta postura porque debilitan el liderazgo de Cristina y ponen palos en la rueda a un regreso pronto del Proyecto.

Además, se citan casos de gestión provincial, como el de Alicia Kirchner en Santa Cruz o de administración de intendencias como  el de Jorge Capitanich   en Resistencia, Chaco    (este último proveniente de las filas pejotistas-duhaldistas en el pasado reciente) de oposición frontal al gobierno nacional macrista y de defensa cerrada al liderazgo de Cristina, aunque también necesiten de financiamiento para gobernar sus distritos.  



El kirchnerismo  confía en las multitudinarias “plazas del pueblo”, que convocan algunos de sus principales referentes, como demostración de fuerza de cara a la sociedad.
Se confía que, más temprano que tarde, ante las políticas de ajuste, devaluación, tarifazo del macrismo y el liderazgo convocante de Cristina la ciudadanía va tomar conciencia de las diferencias de ambos “modelos” y se va volcar nuevamente al Proyecto.

De preverse ese escenario optimista el PJ, diputados y senadores conservadores de provincias, intendentes del conurbano y el mismo Evita se les haría inevitable volver al redil dirigido por y desde  el Frente por la Victoria.

Una muestra cabal de esta postura intransigente se pudo observar de entrada, tras la derrota electoral, en declaraciones del mismísimo Maximo Kirhncher en plena negociación con los Buitres del gobierno central, cuando arengó algo asi como “el establichment quiere un peronismo domesticado, disciplinado, aggiornado a sus intereses, es lo que no queremos nosotros”.

Para dirigentes del “movimiento evita”  y también para el pejotismo, en la práctica política cotidiana y concreta, asumir una posición confrontativa estricta y cerrada al PRO vencedor constituye hoy una posición equivocada y sectaria de cara a la sociedad  y que termina siendo  funcional al status-quo y a la perdurabilidad en el tiempo de  esta nueva derecha en el gobierno nacional.

Desde el Evita se piensa que seguir con esta posición intransigente del kirchnerismo puro  se corre el peligro de transformar al peronismo en una fuerza irrelevante de cara a las elecciones que se avecinan.

Se trata en términos que lo solía plantear el expresidente radical Raul Alfonsin apelando al  clásico sociólogo alemán Max Weber del enfrentamiento entre dos éticas: “la ética de la responsabilidad” en la actitud de pejotismo y el Evita (mas allá de sus diferencias ideológicas-conservadora popular los primeros, izquierdistas-nacionalistas los segundos) que lidian en la gestión diaria con un gobierno central de otro signo político  y “la ética de las convicciones” del kirchnerismo puro que se niega a  bajar banderas e ideales que implique  debilitar derechos ciudadanos conquistados durante 12 años en aras de compartir una estrategia de poder con el resto del justicialismo que no les garantiza tampoco un regreso seguro y pronto al gobierno nacional.

El tiempo proveerá.

Mientras tanto, son  días, por estas diferencias de perspectivas sobre el futuro del campo “nacional y popular”  en el universo peronista, y la demonización y el desgaste que sufre el kirchnerismo por el caso López por parte de los medios hegemónicos, donde  quienes  sonríen son Mauricio y su principal asesor electoral Duran Barba de cara a los comicios legislativos del año que viene.