viernes, 6 de diciembre de 2013

¡¿CONCESIONES?!: UNA RESPUESTA A LA "IZQUIERDA ESTRICTA” EN RELACION AL KIRCHNERISMO Y LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS DE AMERICA LATINA


Para cierta  izquierda estricta intelectual y académica, también orgánica y partidaria, el kirchnerismo   no constituiría  sino una especie de estratagema de las clases dominantes capitalistas para conservar su poder sobre las capas subalternas. El kirchnerimo, al igual que otros procesos progresistas  latinoamericanos, no  sería  más que puro gatopardismo parar conservar el statu quo.

Si invitamos a discutir la política en derechos humanos: “Concesiones”, contestan. Si señalamos el golpe al poder financiero  mediante la estatización a las AFJP: “Concesiones”. Autonomía del FMI y quita histórica de los intereses de la deuda externa: “Concesiones”. La búsqueda de integración latinoamericana: “Concesiones”.
Desde esta perspectiva, daría  la sensación que se viene de un momento revolucionario y ante la radicalidad de las masas la burguesía no tendría más remedio que actuar mediante concesiones,  “cediendo algo para no perderlo todo”.

Si bien es cierto que las rebeliones populares del 2001 fueron significativas e implicaron una grieta  profunda a la hegemonía neoliberal, las mismas, en su gran proporción, carecían de una visión radicalizada anticapitalista. Los piqueteros o los movimientos de desocupados, sujetos protagónicos de aquellos acontecimientos, no solicitaban de modo inminente la eliminación de la propiedad privada o la socialización de los medios de producción. No constituían un colectivo anti-sistema. Sino todo lo contrario, demandaban ser reintegrados a la sociedad de la que habían sido expulsados, exigiendo trabajo asalariado formal para salir de su habitad precarizado. Menos aún el agregado de ahorristas que bramaban porque habían incautado sus depósitos. No renegaban del mercado o la sociedad mercantil, sólo querían la devolución de sus pesos o sus dólares. Las efervescentes asambleas barriales de principios de 2000 con sus intentos de democracia directa fueron esquivas a los grupúsculos de izquierda que quisieron copar las paradas. 

Visto este cuadro de situación de las capas subalternas, por qué no pensar que a lo largo de la década el gobierno kirchnerista -marcando cierta distancia con las clases dominantes y en búsqueda de autonomía- hizo propio, como señala Pio López, demandas históricas de minorías activas. Puso esas demandas en el centro de la agenda pública, las generalizó como problema al resto de la sociedad. (Impensable, por  otra parte, de un gobierno que salía de la entrañas de un PJ burocratizado. Pesemos, ¿qué se podía pedir de un candidato de Duhalde?)

¿Salvo grupos minúsculos, quiénes solicitaban una ley de comunicación de la democracia, o la ley de matrimonio igualitario o la nacionalización de las AFJP ?. Medidas soberanas que se aplicaron, recordemos,  con el oficialismo derrumbado después de las legislativas 2009, cuando porciones mayoritarias de la sociedad le daban las espalda al gobierno  con el apoyo  al “campo” . Sin dudas, fueron momentos significativos del gobierno en términos ideológico. Alejado de toda especulación electoral  el kirchnerismo se ubicó,  hay que señalarlo, a la izquierda de su sociedad .Y obvio, a la izquierda de la burguesía.

Dicho esto, de igual modo, no es inverosímil el diagnóstico de la izquierda estricta cuando señala que el kirchnerismo se sostiene en un modelo sojero, dependiente y extranjerizado, pero tampoco  se puede negar que en esto años hubo un aumento importante de la producción industrial que generó millones de puestos de trabajo e incrementos significativos de los salarios, que  posibilitó, y no constituye un dato menor, duplicar la clase media,  si nos atenemos a datos de la Cepal y el Banco Mundial.

Tal vez para esta izquierda, en algún sentido profundo de su pensamiento teórico,  el restablecimiento de la sociedad  asalariada en nuestro país constituya una experiencia perniciosa. Y esto  debido a que  reeditaría, hilando fino en esta tradición ideológica,  la alienación de las clases trabajadoras a partir de la ubicación subordinada de las mismas a las burguesías dominantes en el proceso productivo capitalista y la consecuente reproducción de plusvalía, etc.

Desde nuestra parte se comparten, y hacemos nuestros, en esos “niveles finos” del pensamiento académico,  este diagnóstico crítico. Cómo no asumir como horizonte futuro una sociedad en la cual sus trabajadores se auto-realicen mediante modos creativos, no alienantes en sus actividades laborales y en sus estilos de vida. Sin embargo, aún orientados por perspectivas de mayor valor en búsqueda de escenarios emancipados, de autogestión laboral y autonomía vivencial no se debe perder de vista el escenario político, económico y cultural concreto. “Análisis concreto de la realidad concreta” (K. Marx).

Luego de años de incremento de la desocupación,  la marginalidad y  la precarización económica y social, la recuperación de la masa laboral y de los ingresos por parte del kirchnerismo constituyen un piso de dignidad para las capas subalternas,  que posibilita seguir avanzando en el terreno distributivo y en esos otros aspectos “más sutiles”, en la búsqueda de una sociedad auto-emancipada hacia el futuro.

El pasado reciente, como se sabe, no se caracterizó precisamente por la fortaleza de un sujeto histórico y por una trama social ideologizada portadora de una cultura política igualitaria. Todo lo contario, eran tiempos del “vacio” (Gilles Lipovesqui), líquidos (Zygmunt Bauman) -y aún lo son- atravesados por la mercadolatría y la banalidad. Tiempos englobados en la hegemonía neoliberal que convocaban  al “fin de la historia” (Francis Fukuyama) y a la reducción de la política a la mera gestión desprovista de conflictos perturbadores. Tiempos de derrotas del campo popular, de licuación de identidades colectivas, de imaginarios sociales atravesados por lógicas individualizadoras, contenidas en agendas comunicacionales volátiles y despolitizadas.

En un contexto reciente marcado por la implosión del denominado “socialismo real” a fines del siglo anterior, la crisis del marxismo, el reinado de un neoliberalismo excluyente y brutal, el debilitamiento de las soberanías estatales en manos de una globalización financiera especuladora e instantánea, capaz de socavar  legitimidades gubernamentales en cuestión de horas, de deudas externas propulsoras del ajustes permanentes. Si en esos años opacos y oscuros para perspectivas emancipadoras, con la inminente imposición del  ALCA como agudización de la dominación norteamericana en nuestra región, alguien hubiese pronosticado el giro “a la izquierda” en la primera década del siglo XXI en Latinoamérica, y que la palabra socialista sería rescatada y puesta en el tapete de la agenda pública  por algunos de estos gobiernos y que en Argentina, incluso, tendríamos una gestión con empatía y amistad con los mismos, le hubiesen diagnosticado al menos esquizofrenia leve.

La izquierda estricta contrataca argumentando que estos “neopopulismos”, dentro del cuales  se enrola el kirchnerismo, se habrían limitado a realizar transformaciones en el niveles “superestructurales”, como la ampliación de las capacidades estatales, la puja  distributiva con fracciones de la burguesía y el incremento del gasto social, pero en la “estructura” están sostenidos en economías tecnológicamente dependientes, extractivistas, transnacionalizadas basadas en la exportación de comodities en el mercado internacional.
Aún aceptado este razonamiento (aunque habría que discutir sino hubo cambios estructurales con nacionalizaciones ha escala, en las experiencias más radicalizadas),  en ese avance neo-populista en la “superestructura”  no es cosa menor si analizamos el pasado reciente oscuro en el plano político y económico  y la atmosfera cultural-comunicacional heredada que aún nos envuelve.

Por otra parte, mal no les vendría a las izquierdas estrictas algún ejercicio de mea culpa histórico.
El denominado “socialismo real” no implicó  justamente una experiencia de autonomía, autogestión  y libertad para las capas subalternas, y si bien se garantizaron necesidades básicas la explotación  capitalista fue reemplazado por formas de dominación desde castas burocratizadas privilegiadas, sin contar la agudización del autoritarismo estatal, la violencia y el derrame de sangre, que no contribuyeron precisamente a cultivar en el imaginario social las virtudes de las ideas marxistas. Más bien todo lo contrario, favorecieron a la campaña de demonización que realizara la derecha conservadora mass-mediatica mundial.

Se nos replica desde la ultraizquierda, que el denominado “socialismo real” no constituyó un genuino socialismo, que no se llegó a instancias socialistas verdaderas. Pero señores en la práctica la aplicación del programa de izquierda salió “eso” y hay que hacerse cargo de tal frustración, para no repetir los fracasos y conducir a los pueblos al suicidio. Es comparable esta problemática con el otro extremo ideológico. Los intelectuales y tecnócratas autodefinidos como genuinamente liberales no se hacen cargo de los desastres económicos y sociales que dejaron sus recetas monetaristas señalando o justificando que en Latinoamérica, en la década del ’90, no se aplicaron las medidas neoliberales correctamente como señala la teoría; alegando que los programas de “achicamiento” del Estado debían tener como consecuencias promover la competencia conjuntamente con  un florecimiento de Pymes y un sin fin de cuenta-propistas innovadores y creativos, y no lo que finalmente “salió”: una creciente concentración de la riqueza en oligopolios, rodeados de un mar de miseria y desigualdad.

Visto esto, entonces, hoy más que nunca las  “nuevas izquierdas” de la región se ven obligadas a descubrir, a recorrer senderos de independencia innovadoras para no repetir viejos fracasos, añejas frustraciones. Hoy más que nunca adquiere vigencia aquella afirmación clásica del autor latinoamericano José Martí: “inventamos o fracasamos”.  Además si éstas experiencias “neo-populistas” no implicaran experiencias significativas para el universo progresista, para el historial izquierdista, por qué creen que un viejo cubano (que algo sabe de revoluciones)   realzaría y apoyaría estos gobiernos, señalando incluso que CFK implica “el punto más alto de resistencia de una mujer en América Latina”.

Desde ya que éstas nuevas experiencias transformadoras deben avanzar en cuestiones estructurales como  una mayor apropiación de rentas en búsqueda de programas distributivos de más  profundidad que elimine de cuajo los bolsones de miseria y pobreza que quedan por resolver. Es necesario discutir y desarrollar nuevas formas de producción y de consumo más armónicas con la protección medio-ambiental al mismo tiempo que se desarrollen  tecnologías autóctonas capaces  de cortar la dependencia con las multinacionales y los países del centro. Además, (e ingresamos nuevamente en el campo de las “sutilezas”) buscar en  un futuro orden social más emancipado, una cuestión que ha sido olímpicamente obviada o desechada por las izquierdas tradicionales, el debilitamiento o la supresión de la madeja de controles “capilares” sobre los cuerpos y el ejercicio del poder disciplinario que se despliega en toda sociedad moderna produciendo “sujetos dóciles”, que tan detallada y profundamente estudió el francés Michel Foucault. (Un socialismo panoptizado no interesa).

Sin embargo, radicalizar los procesos de cambio implica acentuar la descolonización de las subjetividades de las capas subalternas, presas aún en porciones significativas, a pesar de las presentes experiencias re-politizadoras contra-cuturales, de la atmosfera hegemónica mediática conservadora. Conformar o solidificar una nueva hegemonía “nacional y popular”,  una nueva “fe”, como señalara el genial intelectual italiano Antonio Gramsci, que asuma la conciencia incluso que tal radicalización pueda implicar costos económicos y sociales transicionales y afectar la gobernabilidad. Si no sé es consciente de esto desde las izquierdas, si no sé es consciente de la correlación de fuerzas en su dimensión cultural se corre el riesgo, en definitiva, de dejarle la mesa servida a la restauración conservadora.


 PD1: Conflicto agrario, Resolución 125 y las posiciones de la izquierda

Durante el conflicto agrario entre el gobierno nacional argentino  y  la burguesía rural durante el año 2008  una parte de la izquierda se alineó insólitamente (¿insólitamente?) con la Sociedad Rural. Otros sectores izquierdistas diagnosticaron el evento como un conflicto  de naturaleza “inter-burguesa” del que los trabajadores debían estar ajenos.

De los primeros, qué se puede decir. Sin palabras. De los segundos, se hace necesario señalar que desde una matriz marxista estricta, académica e intelectual, se puede aceptar,  no es errado diagnosticar el enfrentamiento del gobierno con las patronales agrarias como “burguesa”. Pero aun respetando este análisis, ¿no  constituía una oportunidad histórica para los intereses de las clases subordinadas, esa “contradicción burguesa”,   para intentar “meter fichas” en contra del modelo dependiente sojero que tanto se critica?,  ¿o estaremos en vigilia toda una vida para aplicar  la soñada “reforma agraria”? La realidad concreta, lamentablemente, no funciona exactamente como dicen los manuales. Era una buena oportunidad, el conflicto con el “campo” para ganar posiciones captando una proporción mayor de la renta para intentar políticas redistributivas  y no terminar haciendo la vista gorda con una posición “neutra” con objetivos de máxima, que terminan  siendo funcionales a la derecha. Aunque seamos justos, también hubo sectores muy minúsculos de la izquierda y campesinos que se ven amenazados por el avance de la concentración de tierras, que apoyaron la resolución 125, demandando incluso un mayor porcentaje de la renta sojera para intentar fines distributivos.


PD2: ¿Agotamiento del modelo neo-desarrollista?. Satisfacción de la derecha. ¿Satisfacción de la izquierda?

Ciertos sectores intelectuales de izquierda, al igual que en el 2007, hoy están pronosticando el agotamiento del “modelo neo-desarrollista”. Con cierto dejo de satisfacción  aluden que se viene desmadrando el gasto público, que las restricciones externas, el déficit energético, etc. Si se  tapan los nombres de los autores, este diagnóstico negativo tiene, ciertos parecidos con el de intelectuales y economistas de la  derecha. Obvio que las diferencias son abismales en el terreno de  las “soluciones” que proponen ambas corrientes de pensamiento. Los conservadores van por ajuste, subordinación a los organismo internacionales, achicamiento del sector público, entre otras cosas, para conseguir recrear  el deseado “clima de negocios” que conduzca o estimule a la burguesía a reinvertir sus utilidades; y por el contrario “la izquierda estricta” propulsa la estatización y democratización integral de sectores rentísticos de la economía.

Sensaciones en el epílogo

A pesar de esta “respuesta” a la “izquierda estricta” me generó (me permito la primera persona) cierta simpatía el aumento electoral del FIT (espacio al que se puede considerar parte de esta izquierda) en las recientes legislativas. Permítanme celebrar también la creciente militancia  juvenil en ese espacio político. Espero, sin embargo, que a diferencia de estos años donde impugnaron todas las políticas del espacio “nacional y popular”  se permitan distinguir  las de claro orientación progresista del gobierno y las apoyen, de las “otras” que está garantizado que las rechazarán.



jueves, 26 de septiembre de 2013

LANATISMO Y EDUCACION ....( Y CONTINUA).



Lanatismo y educación  

Si  visualizamos la década K desde las crónicas y análisis de los medios dominantes, salvo contadas excepciones, estas pecan de un reduccionismo y una pobreza conceptual lamentables. El actual gobierno, para los hegemónicos, se reduciría a una horda de ladrones en el poder. Entonces cerremos todas las cátedras universitarias, especialmente en ciencias sociales. Olvidémonos de las herramientas teóricas que nos puedan dotar la ciencia política, la sociología, la economía e incluso la filosofía, si todo es analizado de desde el prisma seudomoralista lanatista. Imaginemos por un momento un programa de Jorge Lanata -acudo a ese programa como ejemplo paradigmático pero también  puede ser cualquier otro- para analizar el peronismo clásico del ‘45 al ‘55, no serían necesarios, estarían de sobra los estudios pioneros estructural-funcionalista del sociólogo Gino Germani, o la interpretación histórico-estructural de Murmis y Portantantiero, o la Razón Populista de Ernesto Laclau. Carecería de sentido acudir a la riqueza teórica de autores como Arturo Jaureche, Abelardo Ramos, Arregui, J, W, Cooke, Puigros entre otros enrolados en la izquierda nacional, porque todo se reduciría a visualizar la hiper-corrupción de la que  estaría teñida esa experiencia política. Sería muy pobre, de muy baja densidad argumental visualizar el peronismo de esa manera.  Bueno, lo mismo se hace todos los domingos con el kirchnerismo.

De todos modos, lo más grave no radica en esta visión estrecha del periodismo dominante sobre la realidad política, económica, social y cultural de la actualidad, porque en todo caso es una reacción lógica de comunicadores que defienden los intereses de sus patrones y sus propios empleos ante una gestión  que los enfrenta.  Lo preocupante es que haya docentes, académicos y alumnos en las carreras de Ciencias Sociales que estudian los autores y las teorías clásicas  como en un  museo, porque al momento de describir el proceso gubernamental actual, las guardan en un armario, en el armario del museo digo, y caen en la crítica seudomoralista lanatista.

Pregunto ¿para qué nos sirve estudiar tradiciones tan ricas como el republicanismo clásico, el liberalismo, el marxismo, entre otras, si cuando  piden una opinión sobre el kirchnerismo se apela al lanatismo? Usemos las teorías para dar cuenta, desde algún ángulo teórico- ideológico, la realidad política y social contemporánea. Para eso sirven las corrientes clásicas. Son clásicas por su permanente vigencia. A propósito, muchas veces no entendemos porque nuestros alumnos se aburren con los conocimientos disciplinarios, y como no se van aburrir si dejamos las teorías en un museo des-historizado y abstracto sin ningún anclaje terrenal.


 Economistas, pérdida de competitividad y  pronóstico fallido  

Personalmente, (y permítanme la primera persona unos instantes)  trato de seguir e interpretar a los economistas y técnicos de las diversas corrientes ideológicas en la actualidad. Igual, desde el 2003 que asume Nestor Kirchner hasta el 2007 desdeñé bastante los diagnósticos de economistas ortodoxos y del establishment  porque eran los mismos que con sus recetas nos habían llevado, en la década previa, a la explosión del  2001. Desde mi percepción, carecían de autoridad moral e intelectual para diagnosticar esa primera etapa K.

Sin embargo, desde la asunción de Cristina hasta la fecha estos economistas ortodoxos y otros progres o falsos-progres comenzaron a alertar sobre una creciente ausencia de competitividad del sector externo de la economía argentina. Básicamente, el dólar está quedando atrasado y perdiendo competitividad por el aumento de los precios internos.

Es un tema que personalmente comenzó a preocuparme, más allá que el diagnóstico proviniera, entre otros, de algunos técnicos “contreras”, porque una de las causas claves que explica el colapso de la convertibilidad en la década anterior justamente fue el problema de la competitividad del sector externo. Durante el 1-1 el dólar también estaba “atrasado”. 

Por esa razón seguí en estos años el tema con alguna preocupación. Si la falta de competitividad tuvo consecuencias sociales y económicas gravísimas durante los ‘90, me surgía al temor lógico de que este problema arruinara la actual gestión. Por lo que en estos últimos  años me cansé de escuchar que con una inflación del 25% y un dólar que se revalúa sólo al 10 nos conducíamos a un precipicio inminente.  

Pero… pero el tiempo fue transcurriendo y la supuesta bomba no explota. Se vienen pronosticado todo tipo de apocalipsis por esta cuestión y naaada! Así que señores, llego a la conclusión que,  habría que revisar un poco las herramientas de estudio, porque tal vez la competitividad que se pierda en el sector externo, si nos guiamos por sus estudios, se compense por otro lado y sus marcos teóricos un tanto caducos no puedan dar cuenta de eso. A examinar los pronósticos fallidos sino sus saberes pierden toda seriedad y sus diagnósticos aparentemente académicos y científicos no constituyen más que expresiones de deseos personales.

El gorila prejuicioso

Tal vez decir gorila prejuicioso sea una redundancia, si nos remitimos a la definición de Horacio Gonzales “gorila es todo aquel que piensa desde un prejuicio”, pero igual ponemos así el subtítulo a fines ilustrativos.
El gorila prejuicioso se piensa un sujeto autónomo en sus razonamientos y superior a los “negros”. Un ejemplo claro es cuando se refieren a los actos públicos de los populismos integrados por los sectores populares que son “llevados por el choripán”. En este objeto gastronómico –el choripán- estaría la encarnación más densa e ilustrativa de toda la pérdida de libertad  de los seguidores de los gobiernos populistas. Pobre “zorchori”  cuanta responsabilidad.

Pregunto: ¿no son “llevados” acaso ciertos sectores medios cuando son convocados por el periodismo hegemónico a manifestaciones de histeria en calles públicas? ¿No existen clases medias manipulados por los fierros mediáticos dominantes? La diferencia es que ni “chori” hay. No nos rasguemos, entonces, las vestiduras de esa supuesta superioridad republicana como sujetos autónomos y pensantes porque en más de una oportunidad las clases medias argentinas actuaron conducidas como ovejitas por sectores oligárquicos en contra de los intereses propios.

Además en lo político, el republicanismo y su mezcla con el liberalismo económico levantan el dedo acusador de las prácticas clientelísticas a los populismos, pero estos en realidad con sus políticas sociales otorgan un piso de dignidad para intentar compensar los desastres económicos o la exclusión social que previamente dejan los gobiernos anclados en aquellas tradiciones. Pensemos que el modelo económico de libre comercio agroexportador dejaba dos tercios de la población excluida, de la que  tuvo que hacerse cargo el primer peronismo, y recientemente el liberalismo en su formato “Neo” nos dejó un tendal de marginalidad y pauperización, del que se hizo cargo el kirchnerismo. Visto esto, entonces no son  para nada irracional las conductas, las acciones de los sectores populares, sino todo lo contrario, ya que acuden a experiencias políticas  que les otorguen un piso de dignidad. Dignidad que no pueden lograr en la competencia del libre mercado porque arrancan con un capital cultural  menguado, en términos modernos, y un capital económico insuficiente  para jugar  en la economía por el reparto desigual que entrega el capitalismo en una sociedad de clases.  

domingo, 1 de septiembre de 2013

¿QUÉ CORRUPCIÓN?!!!



Signados y empapados por una cotidianeidad  mediáticas   que a esta altura de las circunstancia  no puede regresar del ridículo con  “investigaciones”  más propios del género fantástico que periodísticos  con el objetivo indisimulado de derrumbar a un gobierno. Si, digamos las cosas por su nombre el grupo de Magnetto desde hace ya tiempo quiere voltear al gobierno constitucional. Sino antes, desde la sanción de la ley de medios seguro. La corrupción, es la escusa. Es un tema siempre urticante y sirve para desgastar a un gobierno que ha afectado intereses y privilegios. Pero permitámonos, hagamos el esfuerzo,  de  establecer algún itinerario de interrogantes para intentar comprender  con algún grado de re- significación el problema de la corrupción por fuera del reduccionismo que impone la estética lucrativa mediática.    
Sin ánimo de justificar la existencia de algunas irregularidades que puedan haber existido en toda una década en el gobierno nacional:

 ¿Acaso está exento de prácticas corruptas  el  Partido Socialista a través de su  policía oscura vinculada a la trata y al narcotráfico en Santa fe, ¿en la UCR  ? que cuando le tocó gobernar dejó un tendal de muertos en la Plaza de Mayo,  y ni  que hablar del PRO y  la derecha peronista?. ¿Acaso el grupo Clarín, el acusador, no está metido hasta el tuétano  en negociados y maniobras turbias ?. Vamooos!
La diferencia, y no es poca cosa, es que si bien en  toda la extensión de la actual gestión pueda haber algunas  zonas oscuras, el kirchnerismo se ha enfrentado con corporaciones que los energúmenos opositores jamás se habrían animado a afectar.

- ¿Acaso la corrupción no atraviesa transversalmente buena parte de la cultura argentina en instituciones públicas y privadas donde los concursos, por tomar un ejemplo no son sino mascara disimuladora de conductas atravesadas por  amiguismo y el favoritismo? ¿ Acaso la cultura empresarial no la atraviesa  una vocación evasiva impositiva sistemática?. No nos rasguemos las vestiduras entonces.

- ¿Y si investigando  en el flagelo nos encontramos que la corrupción institucional no explica, no causa, como se ha naturalizado en cierto imaginario social, de modo unilateral la pobreza y  las desigualdades sociales?  Qué hay capitalismos más recalcitrantemente corruptos que el nuestro como son los casos de  Italia y Japón y sin embargo nadie dudaría en llamarlos países desarrollados   y,  que por otra parte  hay  estados más honestos  como el chileno y el peruano, ambos ejemplos de alta institucionalidad según la opereta mediática, pero sus sociedades  atravesadas por paupérrimos indicadores de distribución del ingreso y bienestar social. ¿Dónde es mayor la corrupción en los primeros con un bienestar ampliado a capas mayoritarias de la sociedad  o en los segundos  donde  sólo es digna una elit de la población y el resto no accede a los servicios más elementales ?. Demás está decir que una combinación de ambas virtudes sería lo ideal para nuestro país.

-Pero, sigamos interrogando en similar sentido: ¿un neoliberalismo prolijo hubiera sido mejor  en los ‘90 que el neoliberalismo frívolo, chanta y despilfarrador del menemismo?  ¿Acaso un conservadorismo económico transparente, honesto y austero nos hubiera garantizado evitar los  aumentos escandalosos y siderales de la desigualdad,  la pobreza y la miseria que trajo aparejado ese modelo económico implantado desde Whasington  ?.

-O, removiendo  un poco en la historia argentina ¿el peronismo clásico no fue desacreditado frente a buenos segmentos de la sociedad argentina por parte de las clases dominante como una verdadera bestia demagógica, oscura y corrupta, mientras el mismo lograba los mejores índices de bienestar social en los sectores populares a partir de redistribuir en el mercado interno excedentes de la oligarquía agraria?. ¿Donde había más corrupción en el modelo  agro-exportador anterior, donde una élite  acaparaba toda la riqueza, despilfarrando suntuosidad en la vieja Europa, mientras explotaban de forma legal (legal!),  en un mar de pobreza, a sus conciudadanos, o en el primer gobierno populista, que no exento de ilegalidades y corruptelas  se atrevió a captar parte de la  renta extraordinaria para volcarla al desarrollo de las fuerzas productivas y a las  conquistas sociales de los trabajadores?.

- Y hablando de trabajadores, en  el capitalismo liberal   ¿no se consagra una verdadera corrupción mediante mecanismos estrictamente normativos y legales con la apropiación del trabajo asalariado por parte de una burguesía transnacionalizada, que especialmente en nuestros países periféricos chupan plusvalía a sus obreros(cuando los hay) y los remiten al casino económico globalizado actual?.  . Ni que hablar de  los quinientos tipos, (500 he!) de seis mil millones de almitas que somos que  acaparan el cuarenta por ciento de la riqueza mundial y manejen nuestras conciencias casi a piacere, en un océano de excluidos mientras destruyen el medio ambiente planetario.

Dicho esto, no se trata de relativizar posibles prácticas oscuras e ilegales  de los miembros que desempañan cargos  políticos o gubernamentales. Resultan,  irritables y repugnantes. Es correcto e imprescindible que demandemos como el pueblo  respeto por la ética pública a nuestros  representantes y funcionarios, y cuando cometan algún ilícito tengan la sanción correspondiente. Es necesario y fundamental no exclusivamente por una sensibilidad moral, que desde ya es importante persé, sino también en búsqueda  de  una eficiente actuación del Estado en todos los niveles administrativos e institucionales combatir los mecanismos particularistas con el sector privado, los favoritismos y el clientelismo. Pero esa tarea no va provenir, genuinamente, en búsqueda de objetivos nobles por parte de grupos económicos concentrados que inventan  hechos con objetivos desestabilizadores. Esa tarea debe partir desde los propios sectores nacionales-populares y progresistas o de nuevo actores de comunicación comunitarios. En este sentido la puesta en vigencia de la nueva ley de medios puede ser prometedora.

-Para finalizar, tal vez nos ayuden un poco a  aclararnos la problemática sabias reflexiones del viejo  Galasso cuando afirma que la corrupción es un fenómeno intrínseco al capitalismo, puesto que, mientras exista la escisión entre una esfera  pública y un ámbito privado de propietarios adinerados la tentación de beneficios mutuos ilegales a la espalda de la sociedad siempre es un riesgo. Riesgo que se aplacaría según el mismo autor, si parte de  las empresas o los medios de producción estratégicos pasaran  a estar auto- gestionadas democráticamente por la clase obrera. En definitiva, entonces, ¿qué corrupción?!.




miércoles, 14 de agosto de 2013

CUATRO SINTOMAS DE LAS PASOS





1)      El kirchnerismo a pesar de salir un tanto machuco sigue siendo la principal fuerza política a nivel nacional con una distancia considerable respecto demás fuerzas políticas. Los analistas de los medios dominantes se han apresurado a decretar la muerte del kirchnerismo. No tomaron lección  del año 2009  cuando el gobierno también había sufrido un descenso importante de su caudal electoral durante las legislativas pero dos años después arrasó en las presidenciales. Remarquemos, en la nebulosa desinformativa, el gobierno nacional ganó las elecciones en estas Pasos por una distancia mayor a 10 puntos con respecto a la segunda fuerza.

  

2)      La preeminencia del voto “golondrina”, volátil y desideologizado  atravesado por las olas  del océano  mediático en las que van surfeando los liderazgos políticos. Así, figuras como Eliza Carrió y Francisco De Narváez sufren bruscas oscilaciones en sus caudales electorales dependiendo de los humores y circunstancias de la atmosfera comunicacional.

 

3)       El kirchnerismo no resulta ajeno a los efectos de ésta atmosfera comunicacional. Si bien el kirchnerismo ha implicado una experiencia re-politizadora  de porciones significativas de la sociedad, sobre todo en sus segmentos más jóvenes, igualmente la cultura política etérea y voluble, herencia del neoliberalismo,  prevalece aún en la mayoría de la sociedad argentina. Por lo visto, en las PASO la denominada “batalla cultural” encarada por el gobierno encuentra límites evidentes. En este sentido la  aplicación de la nueva Ley de medios audiovisuales podría implicar el comienzo  de un camino contra-hegemónico de formación política que apunte a una  mayor densidad ciudadana.

 

4)      La preponderancia de los caudillos provinciales y regionales. De la Sota en Córdoba, Binner en Santa Fe, Cobos en Mendoza o los imbatibles Saa en San Luis. La figura de Massa en Buenos Aires con ensalzados antecedentes en gestión municipal  reflejan el peso de las localías en las elecciones  legislativas. Los medios, como era previsible, se han encargado de ubicar en tiempos presidenciables a “Massita” por su éxito electoral en la provincia más populosa del país. Sin embargo, en esta Argentina electoralmente variable, voluble e imprevisible dos años son una eternidad.  


miércoles, 24 de julio de 2013

LOS ECONOMISTAS PLATÓNICOS

Platón, el clásico filósofo griego, tenía una percepción negativa de la democracia como forma de gobierno. Según él debían gobernar los sabios, más precisamente una aristocracia de sabios o filósofos. Desde la perspectiva platónica sólo los sabios podían conocer la “esencias”, las formas inmateriales, o dicho de otra manera las leyes verdaderas que gobiernan el mundo.

Es sabido, por la alegoría de las cavernas, que en la filosofía platónica existen dos dimensiones o dos mundos paralelos. Uno es el mundo terrenal dominado por las apariencias, lo contingente y lo cambiante. El otro es el mundo de las esencias o las leyes inmutables de la verdad o lo verdadero.

Para Platón los sabios o una elite preparada podían alcanzar, conocer tales leyes, por lo que las cuestiones de gobierno quedaban reservadas, restringidas a unos pocos. El gobierno de unos pocos es la antítesis a la democracia, que es el gobierno de muchos.

Platón detestaba la democracia, entre otras razones (y aquí, solo seleccionaremos una de ellas por motivos de límites del artículo) porque en ésta no puede existir un liderazgo político correcto dado que los líderes dependen para su permanencia en el gobierno de la anuencia del pueblo o del favor popular, lo que implica evitar tomar decisiones difíciles o asumir verdades incomodas que desagraden las expectativas de las mayorías.

Para la percepción platónica, entonces, los líderes democráticos evitarían tomar las medidas correctas o profundas que impliquen sacrificios de parte del pueblo con promesas de resultados positivos recién a futuro. Soluciones fáciles y demagógicas ejecutan estos líderes para ganarse y conservar el apoyo del “populacho”.

Parafraseando o actualizando el pensamiento platónico en la actualidad política y económica de ésta Argentina de principios del siglo XXI se podría decir que los sabios o la aristocracia de la sapiencia toman cuerpo en los economistas ortodoxos del establishment.

Estos economistas (iba a adjetivar liberales, pero creo que liberal es un calificativo de excesiva generosidad para estos ultraconservadores voceros de las clases dominantes), se auto-conciben, se auto-referencian como los especialistas, verdaderos expertos de los problemas “estructurales” del país. Basta verlos con esos aires pendencieros, altaneros rotando por los canales del multimedio propagando las recetas genuinas que se deberían aplicar para conducir al país por un camino seguro y exitoso.

Ellos dicen, también como los sabios platónicos, conocer las normas inmutables, las “esencias”. Pero en este caso las leyes verdaderas son las leyes del mercado. Del mercado globalizado.
Como la filosofía platónica, tienen una imagen negativa, peyorativa del liderazgo democrático. En este caso del liderazgo de Cristina. Aquí también el liderazgo político correcto o eficiente se hace improbable porque la presidente tiene que atenerse a las demandas cortoplacistas de los sectores populares si desea permanecer en el gobierno.

En este sentido entonces los técnicos ortodoxos, en similitud con la mirada platónica, reniegan del liderazgo popular de Cristina porque se evitan “las decisiones incomodas”, las “verdades desagradables” y se reeditan las prácticas demagógicas con tal de conservar la anuencia de las mayorías. Estas prácticas demagógicas y populistas “quedan” en la superficie de los problemas. Son soluciones del mundo de las “apariencias” pero que no resuelven los problemas verdaderos, de fondo, “esenciales” de la economía argentina.

Por lo que este grupo de economistas al mismo tiempo que bosquejan por el multimedios las recetas eficaces que debe aplicar el ejecutivo, empapan de pronósticos apocalípticos sus discursos al no seguir los cursos de acción por ellos explicitados.

¿Qué es eso de aumentar el gasto público, de actualizar salarios, de universalizar jubilaciones o asignaciones sociales? Desincentivan las inversiones, aplacan la cultura del trabajo y nos alejan de la panacea de las economías desarrolladas.
 
¿Qué eso de andar controlando las importaciones o la divisa internacional? Esto pertenece al mundo de las apariencias, de las contingencias. Son antitéticas a las más elementales “verdades” del mundo del mercado.

Estos sabios del laissez faire, teólogos, corifeos del dios mercado, no lo explicitan, pero desean los dorados noventa, desean “achicar el estado para agrandar la nación”, pero el pueblo inculto parece resistir, parece no querer volver al pasado. Algo sabe de sus consecuencias....