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martes, 26 de abril de 2016

¿QUÉ HERENCIA?: RESTRICCIÓN EXTERNA Y FUGA DE CAPITALES ¿ERA INEVITABLE EL AJUSTAZO PRO?

Unos de los problemas estructurales en la economía argentina (como de toda economía periférica) es la denominada fuga de capitales. Es uno de los causantes centrales de la disminución de divisas en el Banco Central.
La fuga de capitales implica que la gran burguesía local e internacional, en lugar de reinvertir sus utilidades o excedentes, prefiere “fugarlos a lugares más seguros” como los paraísos o guaridas fiscales más la complicidad de la mediana o pequeña burguesía (clase media) que atesora sus ahorros debajo del colchón extrayendo recursos del sistema económico que podrían canalizarse a la inversión.

Desde la perspectiva ortodoxa o monetarista, esto sucede por la “falta de confianza” o ausencia de “seguridad jurídica” del empresariado en las instituciones públicas o en el Estado, en este caso el Estado argentino.

Traducido, a grosso modo, esto significa que el Estado actúa de tal manera o gestiona la cosa pública de tal manera que produce horizontes de  crisis económicas  que ponen en riesgo, en la percepción de los grandes capitalistas, su futura rentabilidad, por lo se ven obligados a remitir sus ganancias por fuera de los límites del Estado-Nación.

Para poner en claro, negro sobre blanco, tomemos el ejemplo del kirchnerismo en el período 2003-2015. En esta experiencia gubernamental los crecientes aumentos salariales, los subsidios a las tarifas de los servicios, el aumento del gasto público contribuyeron  a  generar una potente clase media y esto ha sido positivo, sin dudas, en términos de mejora de calidad de vida de millones de argentinos. Sin embargo, también  alimentó  al estilo de  consumo “americano” internacionalizado de armaduría electrónica y automotriz  que tienden a disminuir las divisas del Banco Central por el alto componente importado de estos bienes.

 Esta disminución de las reservas del Banco Central constituye  la señal negativa, la “luz roja” para el capital concentrado que pronostica o  avizora escenario devaluatorio de la moneda nacional. Se produce, entonces, un escenario típico causado por una profecía auto-cumplida por parte de la gran burguesía.
Es decir, más allá si el escenario devaluatorio es real o exagerado de parte del empresariado, el sólo hecho de que lo perciban produce una acentuación de la fuga de capitales provocando devaluaciones o pérdida de valor de la moneda nacional.


Estas expectativas devaluatorias también las tiene el sector  agropecuario, que es un actor central para conservar la vitalidad de las reservas, porque es quien que liquida las divisas. Si los grandes exportadores perciben un  dólar que puede estar “más alto” en el futuro cercano, retacean las liquidaciones consumando  la devaluación, más allá si la predicción tiene algún viso de realidad o es exagerada, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.

Una salida “nacional y popular”  a esta restricción externa o “cuello de botella” que provoca devaluaciones  sería  nacionalizar el comercio exterior, para evitar así que el sector exportador deje de extorsionar o retacear liquidaciones, al tiempo que se afecten rentas extractivistas para canalizarlas a diversificar el aparato productivo y hacerlo menos dependiente de bienes e insumos extranjeros, demandantes netos de la divisa norteamericana.

Es cierto que el kirhnerismo en el gobierno no apuntó a un mayor control del comercio exterior que tuviera algún punto de similitud con el viejo IAPI del primer peronismo.
Es cierto también que la  nueva tecnología agropecuaria, como el silobolsa, en el que la oligarquía puede demorar eternamente la liquidación de sus granos,  puede hacer anacrónico reeditar los viejos modos de intervención en el comercio exterior.

Además cuando el gobierno anterior intentó afectar alguna renta agropecuaria -mediante el incremento de las retenciones  a la soja- se encontró con un escenario de  desabastecimiento e ingobernabilidad que puso en vilo a todo el país  durante tres meses,  como fue el conflicto por  la '125.
La derrota por la '125   fue el lìmite redistributivo que el establishment le puso al kirchnerismo.  “Hasta acá llegás”, pareció ser el mensaje de la oligarquía a las pretensiones distributivas del kirchnerismo. Por lo que el anterior gobierno se reenfocó, en una política bastante menos ambiciosa, a racionalizar el gasto público, intentando recortar subsidios  a los sectores medios cuyos ahorros se vuelcan fuertemente a la compra del ensamblaje  internacionalizado altamente demandante de divisas, para reorientarlos a los sectores populares en necesidades básicas. Tampoco pudo.

Los medios hegemónicos pusieron el grito en el cielo y aumentó la sensibilidad social frente al “ajuste” o denominado,  en su momento, “sintonía fina” por el anterior gobierno.

Antes estos límites del status quo, el kirchnerismo, para moderar la  restricción externa o cuello de botella, se propone  controlar la fuga de capitales con el demonizado “cepo cambiario" sumando financiamiento no convencional con los swaps chinos al tiempo que logra un significativo aumento de la economía en  su último año de gestión apelando al crecimiento de sectores con escasa o nula demanda de divisas, como la construcción y el  desarrollo de  los programas sociales.

El actual gobierno PRO de Mauricio Macri podría haber seguido por este sendero.
El nuevo gobierno PRO sabía, era consciente que el país había crecido el año pasado o había tenido un leve crecimiento arriba del 2%, nada despreciable en un mundo y una Latinoamérica en recesión.
Esto se vio confirmado en el nuevo Indec de Todesca.

¿Cuál era la necesidad, entonces, de la nueva gestión PRO, de semejante sablazo a los ingresos de los asalariados en beneficio de sectores concentrados exportadores, si la economía argentina no venía mal?

¿Por qué no seguir construyendo sobre “lo hecho” en lugar de medidas que ahogaron el crecimiento y metieron al país nuevamente en una recesión?

Es indudable que los miembros del actual gabinete económico pensaron (y piensan) que no  había margen para continuar  por la senda de crecimiento o incrementar el crecimiento heredado porque esto conducía a un aumento de la demanda de divisas al Banco Central para financiar las importaciones  en bienes de capital, insumos, etc. que proviene del extranjero. Y esas divisas  eran insuficientes para relanzar una economía a “todo motor” con altas tasas de auge como pretenden para llegar a la “pobreza cero”.

Sin embargo, este argumento no invalida la alternativa real de apuntalar el crecimiento heredado sobre la base de actividades con escasa o nula demanda de divisas como se venía practicando en el gobierno anterior a la vez que se aprovechara los contratos de financiamiento no convencional chinos  y el control de cambios previos (cepo) para conservar e incluso fortalecer unas reservas un tanto menguadas.

Es una falacia, entonces, pensar que no había alternativa al sendero de ajuste y endeudamiento reinaugurado por el PRO.
La alternativa estaba, no configuraba una entelequia teórica, una abstracción sino que había sido practicada en la gestión concreta del gobierno anterior.

Sin embargo, el PRO, en sus primeros cien días en la administración, desechó otra alternativa de desarrollo y se despachó con el típico recetario neoliberal.

El cóctel es por todos conocidos: megadevaluacion del 60%,  eliminación del “cepo”, quita de retenciones a los sectores exportadores, arreglo veloz con los “buitres” y regreso al endeudamiento, apertura al mercado especulativo de capitales conjuntamente con tarifazo y aumento del desempleo buscando disciplinar paritarias que pretenden establecerse por debajo de la inflación para menguar el consumo de las clases medias.

Si el problema heredado es una relativa falta de divisas o restricción externa que generaba horizontes devaluatorios para los inversores, quienes agravaban  el problema con profecías auto-cumplidas como se explicó, entonces este cóctel de medidas se orienta a alejar ese horizonte de crisis real o un tanto   imaginario en las burguesías urbanas y rurales.

Esto implica, como se dijo,en la jerga del neoliberalismo,  generar confianza o seguridad jurídica, para que dejen de fugarla y la “hundan acá”.
Hasta ahora, a pesar de estas  “caricias” a sus amigos empresarios, la fuga de capitales en este trimestre se incrementó.  Cuatro mil  millones de dólares en tres meses.

 El gobierno espera que la demanda de dólares baje significativamente cuando los inversores vean que, con el endeudamiento y la apertura al capital financiero, el horizonte crítico que afecte sus utilidades se aleje y se decidan a producir.

Sin embargo, la experiencia histórica no indica eso, tanto en los ‘70 como en los ´90  la llegada  masiva de la divisa norteamericana no desincentivó la fuga de capitales para reorientarse a la inversión productiva sino que la financió. Por qué ahora habría de ser diferente.





jueves, 15 de octubre de 2015

EL LEGADO DEL KIRCHNERISMO EN LA ECONOMÍA POLÍTICA Y LAS PROPUESTAS SCIOLISTAS PARA LA “RESTRICCIÓN EXTERNA”.




Con la llegada del kirchnerismo al gobierno desde el 2003 hasta aproximadamente el año 2011  la economía  argentina crece a "tasas chinas" alrededor del 8% anual. Aumentan los los salarios a través de las paritarias anuales. Se amplía el consumo y el mercado interno. Se crean alrededor de 5 millones de puestos de trabajo pasando la desocupación del 25% al 7%. Se crean 300mil empresas nuevas. Se reduce la indigencia y la pobreza del 25 %y 60% al 4% y 18 % respectivamente.

Todo esto según los liberales ortodoxos gracias al "viento de cola" de la exportación de comodities, especialmente la soja.

En parte este argumento contiene algo de verdad  pero no hubiera sido suficiente sin un kirchnerismo que enfrenta a las clásicas políticas de ajuste del FMI ( en los comienzos del kirchnerimo le exigía actualizar las tarifas de los servicios público y moderar aumentos salariales, además de pagar puntualmente la deuda en default).

Además la gestión K  realiza  una renegociación de la deuda externa histórica con una quita aproximada del 70%.

Se enfrenta al poder financiero con la nacionalización de la AFJP de donde se captan recursos importantes.

Se rechaza el AlCA , conjuntamente con otros países hermanos latinoamericanos, que era el proyecto imperial de EEUU para copar su patio “ trasero” .
En el terreno social se universaliza la gestión de la política pública como la conocida "asignación universal por hijo", la incorporación de millones de trabajadores/as y amas de casas que no tuvieron la posibilidad de realizar sus aportes jubilatorios durante su período laboral activo, para sumar  posteriormente el “Progresar” en los jóvenes.

Sin embargo desde el 2011 hasta hoy aparecido un viejo problema de la economía Argentina y también latinoamericana que tiene que ver con la denominada "restricción externa". Este se explica en parte por la permanecía de una industria internacionalizada, concentrada, altamente deficitaria en  la balanza comercial.

Se trata de una estructura de armaduría o ensamblaje – especialmente sector automotriz, electrónica- donde los insumos y componentes son en un 70% importado.  Esta requiere de divisas que en estos años han sido provistos por la divisas del extractivismo sojero.  Pero hoy el precio de la soja ha disminuido, sumado al pago cahs de los bonos de la deuda externa con  reservas del Banco Central, más la fuga de capitales, ( el demonizado cepo cambiario se aplica para limitar esta hemorragia financiera) se han reducido las reservas de 52 mil millones de dólares a los actuales 27mil millones actuales.

Además, hay que decirlo, las clases medias agudizan esta dependencia tectológica a partir de un estilo de consumo occidentalizado. Por lo que paradójicamente los incrementos salariales que las ha beneficiado estos años provocan una disminución no poco significativa de divisas del Banco Central, más allá de la compra de dólares en forma directa por ventanilla, legal o ilegal.

En el año 2014 con el comando de la economía de Axel Kicillov , el oficialismo ha intentado  terminar de normalizar las relaciones con la comunidad financiera  para poder acceder al flujo de los dólares frescos que permitan relanzar el ciclo de consumo y crecimiento (y lograr de este modo un techo más alto de la balanza de pagos); de allí la maratón de acuerdos finalmente  alcanzados con el Ciadi, Repsol, Chevron, el Club de París, que tuvo  como dato no menor en términos de soberanía, la ausencia del Fondo Monetario Internacional con sus conocidas recetas. Sin embargo esta estrategia conciliadora del gobierno nacional se topa con un fuerte obstáculo a partir el conflicto desatado con los denominados fondos buitres (y sus representante legal  norteamericano el juez Griesa) quienes,  a diferencia del 92% de los acreedores, exigen la totalidad del pago.

Este problema de restricción externa ante el obstáculo “buitre” fue provisoriamente solucionado con el swap chino equivalente a 11.000 millones de dólares que incluye inversión directa en infraestructura.

Daniel Scioli en el caso probable que asuma la primera magistratura a partir de diciembre sostiene en varios pasajes de sus discurso “que la relativa falta de divisas” se iría solucionando a partir de aplicar su concepción desarrollista de la economía.

Esta incluiría darle valor agregado a las exportaciones o que lo se denomina industrializar la ruralidad y seguir  profundizando la sustitución de importaciones que inició el kirchnerismo.
El problema que para acelerar este proceso hace falta cuantiosos recursos, lo que implicaría afectar sectores rentísticos financieros y extractivistas de la economía, a-partir de radicalizar la orientación confrontativa, iniciada por el kirchnerismo. No parece, por perfil político e ideológico ser el camino que vaya a seguir el ex motonauta.

El otro camino que Scioli le otorga fundamental importancia, si se descarta una devaluación que conserve y aumente los niveles de divisas a costa de pulverizar los salarios, es apostar a la inversión extrajera masiva.
Esto es sabido no es la panacea en términos estructurales.

En el corto plazo parece solucionar el problema de la falta de divisas, pero la remisión de utilidades de las empresas a sus casa centrales termina agudizando el problema (además de la concentración y extranjerización de aparato productivo), salvo que se aplique una estricta regulación en la repatriación de sus ganancias, y sabemos que la palabra regulación para el capital internacional traducido a su lenguaje  implica “inseguridad jurídica”.

Por último, otra de las pistas que han dejado los asesores económicos  sciolistas para intentar moderar la restricción externa es  mostrar una mayor disposición de “arreglo” con los buitres, para bajar la tasa de interés y conseguir financiamiento “liquido”.
Aun sin reparar los perjuicios que traería un arreglo que los privilegie sobre los 92 por ciento de los bonitas que ingresaron con quita  a sendas convocatorias de acreedores en los años 2005 y 2210, el camino del endeudamiento ya es conocido por todos nosotros después de la experiencia de los ‘90.

Se recorta soberanía estatal y en un comienzo parece solucionarse la “restricción externa” mediante la llegada de capitales golondrinas,  pero las exigencias son cada vez mayores en términos económicos y sociales para garantizar su permanencia.  Hacen pingues negocios cortoplacistas  se fugan y te dejan …te dejan el desastre.




jueves, 2 de enero de 2014

RESTRICCIÓN EXTERNA: ALGO DE ORTODOXIA PARA ASEGURAR EL NEODESARROLLISMO


Se puede describir en lo concerniente al plano económico-social en Argentina, una década  relativamente exitosa basada en altos índices de crecimiento del PBI y la consecuente generación de empleo, ampliación del consumo, desarrollo del mercado interno y universalización de los beneficios sociales en los sectores populares. Estos datos se explican o han sido causados  en buena medida  en la recuperación de la primacía de la política  sobre la economía  reflejada en mayor autonomía del Estado  en relación a los poderes fácticos internos-externos como  la insubordinación al FMI, la nacionalización de AFJP y la quita histórica de deuda externa, entre otras.
 
Tras estos aspectos positivos del período, el gobierno se enfrenta en la actualidad con los problemas estructurales- históricos de dependencia económica y tecnológica de un país capitalista-periférico como el nuestro si los leemos desde prismas teóricos de izquierda como la Teoría de la dependencia (Cardozo y Faletto), o producto de una estructura productiva desequilibrada EPD (producto de una mayor productividad del agro en relación a la industria)   si los analizamos desde el desarrollismo (Marcelo Diamand).

Como en otros períodos de auge de la historia económica argentina resurge el denominado problema de restricción externa o debilitamiento  de la  balanza comercial  con lo que surge el temor lógico a una crisis de balanzas de pagos por el agotamiento de las reservas del Banco Central.
Estos problemas, estructurales, se manifiestan de modo evidente,  notoria en  una etapa ascendente, expansionista del ciclo económico como la que ha producido el kirchnerismo en estos años: 

1) Se produce un  déficit de la balanza comercial industrial puesto que como en todo momento de auge se incrementa las importaciones de insumos, bienes intermedios de alta tecnología que no es compensada con nuestras exportaciones secundarias de menor valor agregado, aunque disimuladas hoy con los precios históricos de nuestros comodities en el mercado internacional. Este problema se ve reflejado especialmente en las “ensambladoras” de las automotrices y la industria electrónica  con escasa producción nacional.

2) La aceleración de la “fuga de capitales” con su inherente demanda de  divisas norteamericana alimentada por la cultura rentista de la burguesía y los temores de sectores medios a una crisis devaluatoria. 

3) La sangría de dólares se complementa en estos años de crecimiento económico con el aumento de las importaciones energéticas  sumado a la demanda de divisas por el incremento del turismo internacional.

Estos factores producidos por el mismo proceso expansivo más el pago de capital fijo e intereses de la deuda externa y remisión de utilidades de transnacionales a sus casas matrices han provocado una sensible baja de las reservas en nuestro Banco Central.

En este escenario complejo y problemático de la economía el gobierno nacional apela a un continuum de medidas  tratando de evitar un horizonte devaluatorio que perjudique los salarios de la mayoría de los argentinos, pero paradójicamente se “come” el costo político de sectores medios que se auto-perciben afectados en sus derechos individuales con las políticas recientes del gobierno, repasemos:

A)    Regulación y restricción de importaciones. Incremento impositivo de automóviles de alta gama que busca desincentivar su consumo para intentar disminuir, morigerar el déficit comercial industrial y la dependencia tecnológica.

B)    Intentar disminuir la “fuga de capitales” implementando el mediatizado y demonizado “cepo” cambiario.

C)    Desincentivar el turismo internacional y la sangría de dólares  que este genera,  incrementando el precio del “dólar turístico” y elevando la presión  impositiva a la tarjeta de crédito y  débito.

Estas regulaciones estatales  que hieren la sensibilidades de sectores medios son integradas en quizás una orientación gubernamental, hasta llegar al 2015, que muestra su faceta menos progresista y más pragmática  esperando la maduración de las inversiones que alejen el problema de la restricción externa. Un ejemplo central en relación a las inversiones  lo constituye la apuesta  por la potencialidad exportadora y generadora de divisas del proyecto de YPF-Chevron de “Vaca Muerta”.

La cara ortodoxa del gobierno se refleja  en las últimas  medidas, que buscan generar  “confianza en los mercados”. Algunas de tales medidas son: la indemnización a Repsol, pagos a algunos juicios perdidos en el Ciadi, negociación con el Club de Paris, sumando viajes a Rusia y China  con el objetivo de  conseguir  “plata  fresca” para paliar con éxito la caída de la reserva y evitar de este modo una devaluación brusca que pulverice los salarios. 

Esta estrategia conformada por elementos ortodoxos  logra aplausos por derecha y provoca repudio en las izquierdas, incluso en huestes propias que entre bambalinas piden recuperar el talente transgresor y “profundizar”.

La izquierda estricta demanda un plan genérico de nacionalizaciones en el agro, las finanzas y la gran industria además de una profunda distribución de la riqueza. Aún si soslayamos la desestabilización que provocarían los factores reales de poder, amén de desatar una probable guerra civil estas medidas no garantizarían alejar la restricción externa salvo que se informe de la necesidad a la sociedad y sobre todo a sus  sectores medios de “salir” de la sociedad de consumo y despilfarro (automóviles, sobresaturación electrónica innecesario, entro otros) para cortar con la dependencia tecnológica y económica. 
La izquierda argentina parace desconocer que un  desarrollo no dependiente no es un camino de rosas.  Implica restringir consumo superfluo, ficticio e innecesario volcando todas las energías en las inversiones de una tecnología propia que provea un modo cultural de consumo autóctono, como bien explica Oscar Varsavsky en  Estilos Tecnológicos.

La actual gestión,  asumiendo esta estrategia ortodoxa antes de las elecciones, renuncia a proseguir con talante profundizador (como se ve la empresa es muy pesada), y aspira en el corto plazo, según se ha dicho  a la maduración de ciertos proyectos estratégicos y a “inyectarle” valor agregado y productividad a las exportaciones a partir de nuestro desarrollo científico y tecnológico. En este sentido cobra  importancia  el incremento de recursos asignados en estos años a la ciencia y la tecnología  en nuestras universidades públicas.

Se trata de una alianza neo-desarrollista, no exenta de tensiones y contradicciones, entre Estado (de carácter popular) con el capital monopolista extranjero (de las 500 empresas más grandes 400 son de ese carácter, producto  de la transnacionalización de la economía en los últimos 40 años) de naturaleza productivista (a diferencia del neoliberalismo financiero) donde la recortada burguesía nacional se halla en una posición subordinada.

Esta experiencia de asociación mixta pública-privada no es exclusiva del caso argentino, está presente también en el resto de los progresismos de América Latina e implica, como denominaba la Teoría de la dependencia en los ’60, un  desarrollo dependiente. Es decir, nuestra sociedad se va desarrollando de forma heterónoma a partir de un andamiaje industrial “con capacidad importadora” de bienes de capital y tecnología que  supone la internacionalización de las condiciones del mercado interno y ampliación de pautas de  consumo creadas, aspirando a aumentar productividad  y modernización en sectores atrasados de la economia para incorporar contingentes de trabajadores que se hallan en condiciones laborales informales (Cardoso y Faletto).

De tener éxito esta estrategia en un período de 10 años  se espera reducir la pobreza un 20% más, con lo cual se pasaría a una sociedad de clase media ancha con una pobreza del 8% o 10%, que son los valores  de buena parte de la segunda mitad del  siglo XX. 
Después de un neoliberalismo brutal y excluyente, una performance del tipo señalado no sería poca cosa. Un piso nada despreciable para comenzar a elevar la discusión a otros niveles.

Bibliografía 

-Cardoso Fernando y Faletto Enzo (1969), Dependencia y Desarrollo en America Latina, siglo XXI editores.

-Diamand Marcelo, El Pendulo Argentino: ¿Hasta Cuando?.esepuba.files.wordpress.com/2009/05/diamand.

- Oscar Varsavsky, 1974,  Estilos Tecnologicos. Propuestas para la selección de tecnologías bajo racionalidad socialista. www.mincyt.gob.ar/_post/descargar.php?idAdjuntoArchivo=22630